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Río+20: Frustración y cuestionamiento del rol de Naciones Unidas

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Río+20: Frustración y cuestionamiento del rol de Naciones Unidas

Publicado el 06 noviembre 2012 por admin

Por Arantxa García. (Fundación IPADE)

Lejos de renovar y avanzar en los compromisos que en Río 92 dieron lugar a los Convenios de cambio climático, biodiversidad y lucha contra la desertificación y marcaron un punto de inflexión para la comunidad internacional en materia de desarrollo sostenible, la Cumbre de Río+20 ha vuelto a escenificar la incapacidad de nuestros líderes mundiales para dar respuestas innovadoras a la actual crisis socio-ambiental.

Río+20 se cerró con un acuerdo de mínimos que el gobierno brasileño se empeñó en calificar de éxito. Sin embargo, se trata de un documento lleno de recomendaciones y reconocimientos vacíos de contenido que no responde a la magnitud de los problemas a los que pretende dar solución ni a las necesidades de muchas poblaciones empobrecidas que en países del Sur ya están sufriendo los impactos del deterioro ambiental en temas básicos como su alimentación o la disponibilidad de agua.

La inmensa mayoría de organizaciones de la sociedad civil, valoramos Río+20 como un gran fracaso y una oportunidad perdida ante la necesidad urgente de plantear un nuevo modelo de desarrollo que equilibre realmente medio ambiente, sociedad y economía y tenga en cuenta los ya científicamente demostrados límites ecológicos de nuestro planeta. Además, aunque el texto de Río+20 alude en repetidas ocasiones a la participación de la sociedad civil, la realidad ha sido muy diferente. Por ejemplo, la propuesta más votada en los Diálogos de Desarrollo sostenible (espacio habilitado para la participación de la sociedad civil) fue la eliminación de los subsidios a los combustibles fósiles con la promesa de que los jefes de Gobierno la incorporarían al texto de negociación, pero finalmente las alusiones a este tema no pasan de recordatorios a diversos compromisos incumplidos.

El documento “El futuro que queremos” no plantea críticas sistémicas al actual modelo de desarrollo ni aborda temas importantes como el reconocimiento de la deuda ecológica contraída con las poblaciones del Sur o nuevas fuentes de financiación para el desarrollo sostenible. En él se menciona por ejemplo en diversas ocasiones el principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas (reconoce que no todos los países tenemos la misma responsabilidad en el origen por ejemplo del calentamiento global) pero sin aportar nada sobre cómo implementarlo: no hay ni un solo compromiso vinculante, ni una apuesta firme de financiación por parte de los países enriquecidos para que los países en desarrollo puedan garantizar el bienestar de sus poblaciones.

En época de crisis, nuestros gobernantes prefieren seguir optando por relegar los temas ambientales sin darse cuenta de que gran parte de los problemas actuales tienen una relación directa con nuestro sistema de producción, distribución y consumo y con las desigualdades en el uso y acceso a los recursos naturales en este mundo globalizado.

Además, la crisis económica continúa siendo la principal excusa para que no adopten compromisos reales con la erradicación de la pobreza cuando la tan necesaria financiación para el desarrollo podría conseguirse llevando a cabo políticas que apostaran por la lucha contra los paraísos fiscales o la aprobación del impuesto a las transacciones financieras (ITF). El miedo por parte de los gobiernos a tener que realizar contribuciones económicas obligatorias y cumplir con decisiones vinculantes, también quedó patente en la decisión final de no conceder estatus de agencia al Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).

Río+20 ha sido también una oportunidad perdida para salir con un mandato claro que evite que las Instituciones Financieras Internacionales (IFI) fomenten procesos especulativos, especialmente cuando tienen un grave impacto sobre la pobreza y el medio ambiente, como los mercados de alimentos. Sigue siendo fundamental avanzar en la coherencia de políticas especialmente sobre el papel del Banco Mundial que ejerce un rol financiero esencial en el seno de Naciones Unidas mientras continúa financiando proyectos de energía fósil con consecuencias sociales y ambientales nefastas.

Sorprende también que el documento de Río+20 siga elaborando recomendaciones sobre temas prioritarios como seguridad alimentaria, cambio climático, biodiversidad, bosques y desertificación sin interrelacionar estos problemas globales.Los cultivos dependen de la tierra, de la biodiversidad y de la disponibilidad de agua y condiciones climáticas apropiadas para crecer, por lo que las soluciones deben ser globales e integradoras.

En cuanto a la propuesta de Colombia y Guatemala para lanzar en Río+20 un proceso para la construcción de unos Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) ha quedado bastante diluida. Si bien es importante reforzar el trabajo para el cumplimiento de los ODM, a pesar de saber  que algunas de las metas previstas no se alcanzarán en 2015, no debería posponerse la formulación de los ODS si queremos seguir avanzando en nuevo marco de desarrollo sostenible.

Entre las pocas cosas rescatables del proceso oficial, están la presentación del IWI (Inclusive Wealth Index) por parte del Programa Internacional de Dimensiones Humanas de la Universidad de Naciones Unidas con apoyo del PNUMA, un nuevo indicador para medir la riqueza de un país -más allá del PIB- que busca incorporar la dimensión ambiental y social. El IWI combina datos de capital humano (logros en educación, salud) y capital natural (datos forestales, pesqueros, combustibles fósiles, tierras agrícolas…). Esperemos poder dejar atrás el PIB y que se asuman a nivel internacional indicadores más completos.

Economía verde o como pintamos de verde el capitalismo

La falta de voluntad y ambición para transformar el modelo actual de desarrollo también ha quedado reflejada en la vaguedad con que se ha definido el concepto de economía verde. Se habla de ella en unos términos tan amplios que cada país puede interpretarla como quiera, dejando así abierto el campo a la mercantilización de la naturaleza. Además, el documento hace diversas menciones a la importancia del sector privado en el contexto de la economía verde, por encima de los valores y derechos de las personas y la naturaleza.

Lo cierto es que bajo el paraguas de la economía verde, muchos gobiernos y empresas siguen promoviendo falsas soluciones (agrocombustibles, cultivos transgénicos, fertilización oceánica, mercados de carbono etc.) con impactos sociales nefastos (acaparamiento de tierras, alteración de ciclos naturales, incremento de conflictos relacionados con la tenencia y gestión de recursos) que únicamente perpetúan las desigualdades Norte-Sur.

En definitiva, la economía verde no plantea ninguna solución o alternativa para avanzar en la construcción de un desarrollo sostenible ya que en ningún momento cuestiona los insostenibles niveles de consumo y producción de los países del Norte, contemplando el crecimiento económico como solución y no como causa estructural de la actual crisis.

Cúpula de los Pueblos: éxito de movilización de la sociedad civil

En paralelo a la Cumbre oficial que dejó tanta decepción, la Cúpula de los Pueblos congregó a miles de movimientos sociales en torno a propuestas y alternativas para cambiar el actual modelo de desarrollo. El documento final recoge propuestas en base a las conclusiones generadas en los 5 ejes temáticos planteados, entre ellos soberanía alimentaria y justicia socio-ambiental.

 

Vandana Shiva, Marina Silva y Leonardo Boff entre otros mostraron en este foro sus voces críticas al proceso de Naciones Unidas y a lo alejado de los problemas reales de la ciudadanía. Leonardo Boff insistía en “recuperar los valores de respeto, cuidado, y cooperación como alternativa al modelo feroz”.

Además, unas 80.000 personas salieron a la calle (20 J) con motivo del “Día de movilización global en torno a los bienes comunes” para exigir a los jefes de Estado y de gobierno allí reunidos que no apoyaran un nuevo “capitalismo verde” y plantearan soluciones reales pensadas para las personas ante la crisis ambiental.

¿Seguimos?

El retroceso que ha supuesto Río+20, los nefastos resultados de Copenhague o la falta de ambición y voluntad política en Cancún y Durban en materia de Cambio Climático, así como el escaso compromiso de los países desarrollados en el marco del Convenio de Naciones Unidas de Lucha Contra la Desertificación, nos lleva a cuestionarnos qué sentido tiene seguir invirtiendo recursos en la celebración de estas costosísimas reuniones si no se acometen con una voluntad política clara y se traducen en compromisos concretos para implementar medidas reales. Las personas empobrecidas y los ecosistemas en los que viven no pueden seguir esperando.

Nuestros gobernantes no pueden seguir escudándose en la crisis económica para no replantear el actual modelo de desarrollo. Por una parte, porque las crisis actuales son estructurales y tienen que ver con la obsolescencia del modelo neoliberal y por otra, porque la peor crisis a la que tenemos que hacer frente es la crisis de valores, en la que el individualismo se coloca por encima de los bienes comunes.

Decepcionados con nuestros políticos que una vez más no han estado a la altura, nos queda la fuerza, la ilusión y la unión demostrada por los movimientos sociales reunidos en la Cumbre de los Pueblos, cada vez más concienciados de que el buen vivir no se basa en la acumulación de bienes, sino en las relaciones humanas y con el entorno

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Social Watch Informe 2012

Informe Social Watch 2012: el desarrollo será sostenible o no será

Publicado el 17 enero 2012 por admin

La Cumbre de Naciones Unidas para el Desarrollo Sustentable -Río 2012- es un llamado urgente a cambiar la forma de pensar

Jueves 22 de diciembre de 2011

Partiendo de la base de que todo ser humano tiene “derecho a un futuro“, el Informe 2012 de Social Watch afirma que sin sostenibilidad no hay manera de revertir las tendencias mundiales de desigualdad y falta de derechos. En esta línea, focaliza sus miradas hacia la próxima Cumbre de Naciones Unidas para el Desarrollo Sustentable, conocida como Río +20, que tendrá lugar en junio de 2012.

De acuerdo con el Informe, esta próxima Cumbre debería de plantearse como un “llamado urgente a cambiar la forma de pensar” en un contexto de insostenibilidad palpable a nivel global. Este cambio de mentalidad se debería dirigir hacia la redefinición del Estado como “el actor indispenable que establece el marco legal, hace cumplir las normas de equidad y los derechos humanos y fomenta el pensamiento ecológico a largo plazo, basado en la legitimidad democrática”. La hoja de ruta para esta necesaria perspectiva de largo plazo debería pasar por ser conscientes de la responsabilidad histórica que tienen las generaciones presentes de cara a las próximas. Además, es fundamental restaurar los derechos públicos por encima de los privilegios de las grandes empresas. “A pesar de todas las teorías y modelos, la desigualdad es el motivo por el que la pobreza no retrocede o lo hace muy lentamente, aún en países con rápido crecimiento económico. Al darles más derechos a las grandes empresas sin las obligaciones correspondientes, la globalización ha exacerbado las deigualdades en el seno de los países y entre ellos”.

Otra tajante afirmación es que, lejos de enfocar la importancia de Rio+20 hacia la adaptación de nuevos objetivos, la clave para el éxito de esta Cumbre será la implementación de los objetivos ya acordados. Hay necesidad de que se desarrollen a la par “conceptos, resultados y acciones” concretas. Para que esto sea posible, ha de crearse como herramienta clave “un sistema de vigilancia y responsabilidad que pueda lograr que todos los gobiernos, del Norte y del Sur, estén sometidos a una revisión de sus obligaciones en el ámbito nacional y al mismo tiempo, genere el derecho a pedir apoyo cuando se cumple con esas obligaciones nacionales pero los recursos disponibles siguen siendo insuficientes”.

La argumentación de que el desarrollo va ligado a la producción de gases contaminantes queda deslegitimada cuando la palabra “desarrollo” va asociada a bienestar social y no exclusivamente a bienestar económico. Así, en países como Uruguay o Costa Rica, con emisiones de carbono de tres toneladas per cápita al año, “se ha logrado reducir la mortalidad infantil al mismo nivel que un país que emite 20 toneladas al año: Estados Unidos.”

El crecimiento no puede darse a costa de cualquier cosa. La tendencia de las políticas es centrarse en el auge económico. Pero según demuestran los datos del Informe, el crecimiento económico no es proporcional al desarrollo social y medioambiental. El incremento económico requiere de energía, y la energía, según los reportes de las organizaciones pertenecientes a los 66 países de la red Social Watch, está asociada a petróleo, que a su vez está asociado a contaminación. Otra preocupante tendencia es que una alternativa “verde” al petróleo, el biocombustible, supone una importante alteración medioambiental y campesina ocasionada por la expansión del monocultivo agroindustrial para la producción de esta “alternativa energética” que, en la mayoría de los casos, ni siquiera es consumida por el país productor.

Dada la configuración del sistema mundial pueden darse incoherencias entre sostenibilidad ecológica y desarrollo social, pero no por ello ha de abandonarse la búsqueda del concepto de desarrollo sostenible. El primer paso para armonizar estas incoherencias pasa por reconocerlas. Es el caso de Bolivia que depende del gas y el petróleo para financiar sus políticas sociales contra la pobreza pero, a su vez, tiene reconocidos por Ley los Derechos de la Madre Tierra.

En este equilibrio entre “proyecto coherente” y “búsqueda”, la sociedad civil es otro actor clave para reorientar el rumbo insostenible del sistema. Así queda reflejado en la actualidad y por lo tanto también en el Informe. Este 2011 ya no sólo ha estado marcado por la crisis sino por la reacción social frente a ésta. Las revoluciones y levantamientos árabes o el movimiento 15M en España, lanzan preguntas sobre la viabilidad de nuestro futuro. Las democracias se defienden, en ocasiones hasta de sí mismas, pues “cuando faltan los derechos civiles y políticos básicos, la sociedad civil no puede organizarse de forma pacífica, las personas no logran hacerse oír, y las políticas guberamentales pierden calidad”.

Roberto Bissio, Secreatrio Internacional de Social Watch, señala que “este ’derecho a un futuro’ es la tarea más urgente del presente. Se trata de la naturaleza, sin duda, pero también se trata de nuestros nietos y de nuestra propia dignidad, de las expectativas del 99% de los 7 mil millones de hombres y mujeres del mundo, de niñas y niños a quienes hace dos décadas se les prometió sostenibilidad, y que en cambio han visto que sus expectativas se transforman en fichas de un casino financiero mundial que no controlan”.

Así, para comprender el concepto de Estado y su función a cumplir en este marco crítico, habría que defender que la financiación no pasa tanto por invertir en un “rescate financiero de los bancos de los países más ricos que se habían vuelto demasiado grandes para fracasar”, como por una inversión seria y coherente en la tecnología, coordinación y redefinición de un futuro necesario para todos. Ha de asumirse profundamente la importancia de los límites: no de los límites en derechos (discurso gubernamental tradicional frente a las adversidades), sino de los límites del crecimiento que configuren la sostenibilidad del sistema.

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Huella Ecológica

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Este Mundo no es viable

Publicado el 13 octubre 2011 por admin

El mundo que conocemos hoy no es viable. Los intereses económicos de una parte de la humanidad, junto a su falsa idea de bienestar, destrozan el planeta, provocan conflictos, desplazamientos y empobrecen a la mayor parte de la población. Vivimos en una época de consumismo atroz donde no hay tiempo para el análisis, pero en la que las relaciones son cada vez más complejas. Hoy en día, cada acción que realizamos en el Norte repercute en el Sur aunque apenas nos demos cuenta.

Por eso es necesario que las informaciones de los medios ayuden a explicar y a entender los complicados conceptos e hilos que tejen el mapa mundial. Sólo de este modo seremos capaces de asumir nuestras responsabilidades y formar parte de una ciudadanía comprometida. El periodista forma parte de esta sociedad acelerada. Encerrado en su trabajo diario salta de un tema a otro sin apenas digerirlos ni relacionarlos. Sin embargo, es necesario que se pare a reflexionar, ya que con su voz, puede contribuir a la que la gente se replantee sus ideas y a modificar actitudes que deterioran el planeta y la calidad de vida del conjunto de la población.

Crisis sistémica

En el  difícil contexto en el que nos encontramos vemos a diario noticias que hablan de crisis económica y financiera. Sin embargo, estos han sido sólo dos pequeños vértices del problema real en el que vivimos; nuestro sistema actual no funciona. Hay crisis ambiental, crisis energética, política y valores. Todos estos problemas están relacionados y responden a un modelo de desarrollo basado en una idea de consumo y producción material sin límites, cuyas consecuencias afectan a toda la población. De ahí que hablemos de una crisis sistémica que plantee un nuevo contexto. Para adaptarnos a él estamos obligados a modificar nuestras orientaciones políticas y sociales hacia modelos más sostenibles.

El sistema productivo sobre el que se han desarrollado nuestras sociedades se ha esmerado en gestar una ciudadanía escasamente crítica que ha dejado el poder en manos de los poderes políticos y las grandes empresas e instituciones internacionales, responsables de las crecientes desigualdades sociales, la inseguridad alimentaria, las migraciones, el origen de muchos conflictos y el deterioro del medio ambiente.

Un sistema más justo y equitativo en términos socio-ecológicos debería adoptar un enfoque multidimensional que reconozca que la producción y el consumo son sólo dos componentes más del bienestar humano, y que el maximizar ambos no necesariamente conduce a incrementar nuestro nivel de desarrollo. Es necesario diferenciar entre crecimiento económico y desarrollo.

Déficit ecológico y huella ecológica

Uno de los principales problemas que nos han llevado a esta situación de crisis sistémica es que consumimos por encima de nuestras posibilidades. Estamos agotando los recursos del planeta. Pero no todos tenemos la misma responsabilidad. De hecho, se calcula que un 20% de la población, la que reside en los países desarrollados, consume el 80% de los recursos. Ese  20% de la humanidad no sólo es quien ha agotado los recursos naturales, sino que es también responsable de la destrucción de la capa de ozono y ha generado montañas de basura.

Durante años hemos actuado bajo la falsa ilusión de que el planeta cuenta con una cantidad infinita de recursos a disposición de los humanos. Pero hay una serie limitada de bienes que debemos compartir entre todos los habitantes del planeta. Cuando consumimos de más o desperdiciamos lo que tenemos es a costa de los intereses de otros. El despilfarro del Norte empobrece a los países del Sur. Una relación que, sin embargo, no se ve reflejada en los medios informativos.

La falsa fe en la posibilidad de un consumo sin límites que aparece en la publicidad contradice la realidad de un mundo ecológicamente finito. Esta es una de las consecuencias más evidentes del divorcio existente entre sociedad y naturaleza que caracteriza a los países  desarrollados. Este divorcio se ve acrecentado a medida que más y más población humana se concentra en las grandes urbes. El hecho de que más de la mitad de la población mundial viva ya en ciudades contribuye a consolidar una falsa percepción de desvinculación e independencia con respecto a los ecosistemas y los servicios que estos generan.

Pero no sólo es que una minúscula parte de la población emplee lo que es de toda la humanidad, sino que sobrepasa los recursos actuales y se endeuda con las poblaciones futuras. Consumimos más recursos de los que el planeta es capaz de generar y contaminamos más de los que puede absorber y asumir. Para entenderlo hay que tener en cuenta el concepto de Huella ecológica. La huella ecológica es el cociente de dividir la superficie productiva del planeta entre el número de personas que lo habitan. Según los últimos datos el resultado es aproximadamente de 1,8 hectáreas por persona. Si se supera, se produce un deterioro grave de la naturaleza. Actualmente la media mundial es de 2,2 hectáreas por persona, sin embargo esto no se distribuye de manera homogénea. La de un habitante medio de Estados Unidos es de 5 hectáreas, mientras que la de un español es 3 hectáreas y la de un indio, 0,8 hectáreas. Si los niveles de consumo de todas las personas de la tierra fuese como el de los americanos harían falta cuatro o cinco planetas Tierra. Pero no se trata ya solamente de que el modelo occidental no sea extensible a escala universal, es que ni tan siquiera se puede mantener en el Norte en sus condiciones actuales. El medio ambiente depende de nuestras acciones colectivas y está condicionado por las medidas que tomemos hoy.

Fuente: http://myfootprint.org/es/about_the_quiz/what_it_measures/

Conflictos y migraciones ambientales

Vivimos por encima de nuestras posibilidades, pero no a todos nos repercute de la misma manera. Precisamente los países del Sur, los que menos contribuyen al deterioro ambiental, son los más afectados. Por lo general son países que dependen de las materias primas y del consumo local para sobrevivir, por lo que pequeños cambios en el entorno modifican por completo su modo de vida. La degradación ambiental provoca el empobrecimiento, la lucha por los recursos y obliga a desplazarse a miles de personas a otros lugares en busca de sustento.

Si analizamos las noticias de los medios de comunicación vemos que continuamente hacen referencia a guerras y migraciones. Sin embargo, rara vez son explicadas en clave ambiental. Por lo general no buscan la raíz del problema, sino que describen acontecimientos puntuales y concretos. Esto hace que, la mayoría de las veces, los espectadores olviden o desconozcan cuáles son los motivos de estos conflictos. En ocasiones, incluso los propios sujetos implicados desconocen estos temas.  

Fenómenos como el cambio climático, la deforestación, la desertificación o el agotamiento de los recursos están provocando continuos desplazamientos de población hacia los núcleos urbanos. Según las estimaciones de Naciones Unidas el 60% de los movimientos migratorios podrían tener su origen en cuestiones ambientales, aunque la mayoría de las veces se traducen como movilizaciones por causas socioeconómicas. Es un fenómeno complejo que actualmente tan sólo es tenido en cuenta cuando se habla del impacto de catástrofes naturales repentinas y no en las consecuencias a largo plazo que genera la degradación ambiental.

También es común que los conflictos, tanto a nivel local como internacional tengan como base la lucha por el dominio de unos bienes naturales escasos. La dificultad de estos problemas ambientales es que es difícil cuantificarlos, identificar sus fuentes o responsables, individualizar sus causas y precisar quiénes se benefician y quiénes se perjudican con ellos. Pero la comprensión del origen y la evolución de los conflictos ambientales son de especial importancia para avanzar hacia su resolución y incluso para prevenirlos, y es aquí donde los comunicadores juegan un papel muy importante.

Muchos de los conflictos ambientales de nivel local parecen invisibles a los ojos de la opinión pública. En otras ocasiones no son noticia hasta que en el enfrentamiento se implica una gran potencia mundial. Para cuando llegan a ser portadas la razón originaria del enfrentamiento ha pasado ya a un segundo plano y se confunde y disfraza como luchas de poder políticas o económicas. El resultado es una percepción social ambigua de la realidad.

Economía Verde

En los medios se nos muestra que el éxito de la humanidad se basa en el control y el dominio del entorno. Se mantiene el mito del hombre frente a la naturaleza. Los seres humanos han reducido a la naturaleza a mero objeto o recurso, apropiable, mensurable y medible del que se puede se puede obtener beneficios. Pero hoy no se puede continuar con un crecimiento económico que conlleve el insostenible impacto ambiental al que estamos acostumbrados. Es necesario cambiar las reglas del juego. Siguiendo un poco esta línea y tratando de respetar el entorno, ha surgido un nuevo concepto de negocio respetuoso con el medio ambiente. Se conoce como la “economía verde”, una expresión que ha calado, pese a no conseguir un consenso total. Se podría definir como “un desarrollo que satisfaga las necesidades del presente sin poner en peligro la capacidad de las generaciones futuras para atender sus propias necesidades”. Esta definición fue empleada por primera vez en 1987 en la Comisión Mundial del Medio Ambiente y Desarrollo de la ONU (la conocida comisión Brundtland) y se espera que las próximas reuniones de Naciones Unidas sobre cambio climático sigan muy cerca estas ideas.

En momentos en los que la situación económica no es favorable, es común que se deje en un segundo plano las cuestiones ambientales. Sin embargo, se estima que los costes globales y los riesgos del cambio climático, (traducidos en pérdidas de cultivos, aumento de desastres naturales, epidemias, etc.) equivaldrán a la reducción del 5% del PIB global anual, y si no actuamos pronto, podrían llegar más de un 20%. La idea de que no es posible hacer frente al cambio climático porque se necesitan grandes cantidades de dinero choca con la realidad de que, de no realizarse, acabará por producirse, antes o después, una grave recesión. La Economía Verde surge en este contexto como una alternativa para producir empleo y generar riqueza a la vez que se respeta el entorno.

Pero no se pueden caer en atajos en el camino hacia el desarrollo sostenible. Su objetivo no es sustituir sin más unas empresas por otras, sino producir un cambio en los comportamientos y tendencias en toda la comunidad internacional, en dirigentes políticos, en el mundo empresarial y en la ciudadanía.

No cabe duda de que un cambio de mentalidad es lento y difícil. Requiere afianzar nuevos valores. Para conseguirlo resulta de gran importancia los programas educativos y divulgativos. Por eso, el periodista que decide afrontar por primera vez  temas  relacionados con el medio ambiente y el desarrollo sostenible tiene una responsabilidad enorme, un compromiso con el planeta y con el futuro de la humanidad.

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PESCADOR

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Medio ambiente y desarrollo sostenible

Publicado el 27 abril 2011 por admin2

El mundo que conocemos hoy no es viable. Los intereses económicos de una parte de la humanidad, junto a su falsa idea de bienestar, destrozan el planeta. Aparentemente, aunque algunos ganen el beneficio particular de un chalet con piscina, o una nueva autovía que les permita ahorrarse media hora en el trayecto, el conjunto de la sociedad, pierde. Seguir leyendo

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