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CHINA EN ÁFRICA, MÁS ALLÁ DEL NEOCOLONIALISMO Y LA COOPERACIÓN SUR-SUR

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CHINA EN ÁFRICA, MÁS ALLÁ DEL NEOCOLONIALISMO Y LA COOPERACIÓN SUR-SUR

Publicado el 20 mayo 2013 por admin

El presidente Jacob Zuma durante la la mesa redonda China-África, organizada por el presidente Xi Jinping de la República Popular China

El presidente Jacob Zuma durante la la mesa redonda China-África, organizada por el presidente Xi Jinping de la República Popular China. Autor: GovernmentZA en http://bit.ly/Z8gY1T

 

 

Autora:Mabe de Molnar

Durante años se ha anunciado la llegada de China a los primeros puestos de la economía mundial. Se observaba con recelo el singular cambio que ha vivido el gigante asiático. Hablamos de una China diferente, un país que ha pasado de la lucha de clases al consumo de productos de lujo de su clase social más alta. Un país en el que era rentable instalar empresas occidentales por su mano de obra económica. Una China que ha asumido el modo de producción capitalista occidental y para llevarlo a cabo necesita diferentes apoyos. Necesita lo que África tiene: recursos naturales. Pero no sólo serán los recursos lo que facilite el crecimiento económico de China, no sólo existe un interés económico. China quiere romper el orden establecido, la hegemonía unilateral que hasta ahora ha dominado el mundo que conocemos.

El futuro africano dependerá de China

Diferentes foros y convenciones tratan las relaciones sino-africanas. Se habla de cooperación sur-sur y China no duda en hacer llamamientos internacionales para colaborar en la causa africana. Desde la Unión Africana se ve como un futuro éxito un renacer económico que África lleva años esperando. Un continente que sin haber solucionado las diferentes problemáticas que asolan muchos de sus países y que oscurecen las brillantes iniciativas que puedan surgir sigue unido al pasado. A un pasado más reciente que lejano de colonización, paternalismo y mala praxis por parte de los países del norte. Ahora tienen una alternativa que puede cambiar el futuro. Una oportunidad para conseguir que el continente africano renazca, sea más fuerte económicamente y pueda comenzar una nueva era. ¿Quién no quiere ver una África libre de conflictos, de corrupción, de hambre? China ofrece su mano. Ofrece una cooperación inter pares, un trato de igual a igual, sin intromisión en asuntos internos que resulta muy atractiva para muchos africanos.

Dentro de los puntos a seguir establecidos por China en referencia a sus relaciones con países africanos cuenta con la no intromisión en asuntos internos ya mencionada anteriormente. Pero la vinculación de paz, estabilidad y seguridad están intrínsecamente ligados a las inversiones y negocios que desarrolla en suelo africano. La participación en misiones de paz o en la Operación Atalanta contra la piratería en Somalia podría interpretarse como un doble rasero de su actuación en el continente.

Cooperación, negocios o intereses estratégicos.

El interés de un país como China podría fundamentarse únicamente en la necesidad de obtener materias primas para hacer frente a su gran crecimiento económico. Las materias primas que han provocado tantos conflictos a lo largo de la historia desde la guerra de las especias hasta nuestros días, en los que el petróleo y el gas pueden sustentar economías o ser el detonante perfecto para justificar un conflicto.

China puede obtener de África prácticamente todo lo que necesita. Desde coltán y petróleo hasta alimentos, pesca o campos de cultivo para biocombustibles. Tanto es así que se ha dado una nueva forma de colonialismo en el que diferentes países africanos han vendido sus tierras de cultivo para el beneficio de China. Diversos organismos claman ante el nuevo colonialismo que está ejerciendo el país asiático en África, dejando claro que dista de lejos de llamarse cooperación. Una población empobrecida sin apenas recursos y con tasas de desnutrición que vende sus tierras cultivables para alimentar a un país en otro continente a cambio de dinero. Llamarlo cooperación resulta contradictorio. Y mucho menos sur-sur.

Pero además, cuando China necesite aliados que beneficien su situación, que apoyen su crecimiento, ¿qué ocurrirá? Probablemente lo que la historia nos recuerda que ya sucedió en otras partes del mundo. Es probable que China esté fomentando en la actualidad, y fomente en un futuro no muy lejano, la llegada al poder o el mantenimiento de líderes políticos afines a su causa. O mejor dicho, a sus intereses. No sólo a los intereses de los africanos. El África industrial olvidada durante décadas por occidente, sólo receptora de ayudas y mirada con lástima, ahora cuenta con infraestructuras realizadas por China. ¿A cambio de qué? Estamos hablando de una relación económica, de una transacción de intereses. Pero entre dos actores desiguales. ¿Nos recuerda a algo? China puede que no sólo quiera romper con la unilateralidad de la hegemonía económica mundial de la que disfrutaba Estados Unidos. Tal vez esté jugando a su mismo juego. Repetir de manera paralela lo que sucedió entre el norte y el sur de América en el otro lado del mundo.

Los riesgos de una carrera por la industrialización

Los graves problemas de contaminación a causa de la industrialización que vive China podrían ser exportados a África. Aguas contaminadas, polución extrema en el aire, repercusión en la salud de la población, desertización del suelo…situaciones que han sido propiciadas por un rápido crecimiento económico y que repercutirán en el futuro en forma de enfermedades y destrucción del medio ambiente.

En occidente han tenido que pasar décadas para conseguir concienciar a gobiernos, industrias y población sobre el cambio climático y la repercusión de nuestras acciones en el futuro del planeta. Los cambios tardan en llegar. África puede despegar industrialmente pero no lo hará con energías renovables. Lo ha comenzado a hacer con maquinaria que ya no es bien vista en occidente. Por ser contaminante y poco respetuosa con el medio ambiente. La contaminación de acuíferos se une a la sequía, agudizando problemas ya históricos en África. La urbanización masiva junto con las nuevas fábricas que deberán ser controladas. Sería ilusorio pensar que si China no mantiene una industrialización compatible con el medio ambiente en su terreno, hará lo contrario en África.

En la costa de Somalia ya se denunció la presencia de barriles que contenían residuos tóxicos y que habían podido ser los causantes de problemas de salud en los habitantes y del nacimiento de niños con malformaciones físicas. Es sólo una advertencia de lo que puede suceder en un futuro próximo cuando una industrialización realizada a la carrera muestre su cara más negativa. No tomar ejemplo de los errores cometidos en el pasado.

Derechos Humanos en juego

Mientras que el Banco Mundial y el Fondo Monetario exigirían una garantía de respeto a los Derechos Humanos, China es más flexible al respecto. Siempre bajo las denuncias de violaciones y no respeto a los Derechos Humanos, desde la censura hasta las desapariciones forzosas, China realiza inversiones multimillonarias a cambio de un laisser faire sujeto a las consecuencias que pueda tener parar sus negocios.

Según Hu Jintao, el anterior presidente del país asiático, sobre las relaciones entre China y África, éstas deberían fundamentarse en fortalecer una confianza mutua y así, con una alianza entre países en vías de desarrollo “contrarrestar los abusos de los grandes sobre los pequeños, de los fuertes dominando sobre los débiles y los ricos oprimiendo a los pobres”. Un idealismo evolucionado del socialismo chino que recuerda la lucha de clases y la confrontación entre dos mundos que ahora siguen distanciados pero que parecen utilizar las mismas cartas, el control económico para conseguir más fuerza política.

Pero tanto Estados Unidos como la Unión Europea alertan que detrás de esos ideales y de los millones que tanto pueden beneficiar a las economías africanas se esconden la corrupción y el apoyo a regímenes totalitarios como el de Sudán, donde el respeto a los Derechos Humanos quedarían en un lugar poco favorecedor para la población.

La repercusión directa en suelo africano

La visibilidad de la industria de China en África puede verse tanto en inmensas obras de infraestructuras, viviendas, hospitales como en la presencia en el campeonato mundial de fútbol celebrado en Sudáfrica. También pueden verse pequeños negocios, pero no regentados necesariamente por la población local sino por población china llevada a África. Un cambio demográfico ya notable que supondrá en unos años una nueva realidad en las poblaciones africanas que ya cuentan con población china.

Muchos países africanos contaban con la esperanza de crecer económicamente y que la mano que le tendía China fuera la salvación a una situación de deterioro estancada durante años. Sin embargo, los conflictos no están siendo solucionados y pueden crearse nuevos frentes que compondrán un cuadro nuevo, en el que habrá nuevas problemáticas que abordar y soluciones que crear en un escenario más complejo aún.

Los barrios y comunidades chinas que podemos encontrar en cualquier ciudad occidental ya están instalados en varios países africanos. La integración de una nueva cultura en cualquier país africano puede verse en un futuro como una nueva problemática que colabore a crear una nueva clase social que no beneficie a la situación de la población local. Juan Pablo Cardenal y Heriberto Araújo escribieron “La silenciosa conquista china” en la que hablan de esta situación. Ya es una realidad. Las consecuencias positivas o negativas están por llegar, pero viendo lo sucedido en otros lugares del mundo, podríamos aventurarnos a decir que no serán fáciles. África no sólo es un socio con el que mantener un flujo de transacciones. Es un mercado óptimo para la compra de productos chinos. Un negocio a largo plazo en el que China está realizando grandes inversiones económicas. A cambio de obtener grandes beneficios, no sólo económicos, como ya anunciaba anteriormente.

Mientras, no todos los africanos reciben con el mismo ánimo la “cooperación” china. Las relaciones corruptas con líderes africanos, ya corruptos, hacen desconfiar a una población cansada de promesas y de ver cómo manejan sus países como marionetas de un juego internacional. Tras la corrupción vivida e importada de occidente, muchos africanos opinan que China se merece una oportunidad. A esto se une la utilización de mano de obra china en África. Mientras se planteaba una creación de empleo local y un apoyo a la economía en la que se asentara la industria china, ha resultado decepcionante ver como trabajadores chinos eran importados ante los brazos caídos de la población africana, siendo pocos los afortunados llamados a formar parte de la industria china.

En Cabo Verde, por ejemplo, se habla de una transparencia que permite una relación más limpia entre ambas partes. Una involucración mayor de la población local y una repercusión en la población que hace a los africanos más receptivos ante las relaciones sino-africanas. Así mismo, los intercambios universitarios entre China y varios países africanos ayudan a consolidar unos lazos sociales y culturales entre dos continentes distintos y que puedan favorecer en un futuro el mantenimiento de los mismos.

Por tanto,  podemos decir que China está trabajando para desmontar la dominación global unilateral que ha permanecido hasta la actualidad. El mundo ya no responde ante la hegemonía mantenida por los países del norte. Ahora, llamándose cooperación sur-sur o neocolonialismo, lo cierto es que se ha roto el status quo que hacía imposible un futuro prometedor para África. Una esperanza, probablemente un camino difícil y con consecuencias no del todo positivas para África, pero aparece un nuevo futuro ante el continente asolado durante años, dedicado al servicio de los intereses del resto del mundo. Mao Zedong argumentaba en favor de subvertir el sistema capitalista a través de la movilización de fuerzas revolucionarias en el Tercer Mundo. Muchos aplaudirán la posibilidad de un mundo más justo y equitativo, o tal vez estemos ante un cambio de dueño, millones que recaerán en África, la posibilidad de acceder a un desarrollo económico acelerado, paz y estabilidad a cambio de crear lazos sociales económicos y políticos para satisfacer las necesidades de China.

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El Monopoly africano

El Monopoly africano

Publicado el 27 enero 2012 por admin

 

La colonización de África dejó un continente trazado con escuadra y cartabón europeos en el que las fronteras fueron marcadas al azar y sin tener en cuenta la pluralidad de factores culturales, sociales y económicos de sus habitantes. Siglos después, en plena globalización, las sombras de una nueva colonización vuelven de la mano de grandes inversores extranjeros que se instalan en la región para hacerse con millones de hectáreas en las que cultivar productos que muchas veces son exportados íntegramente a otros países. Esta vez, los ignorados son aquellos agricultores y ganaderos que se ganan la vida en las tierras de las que son desplazados para dejar paso al “desarrollo” extranjero. La agricultura se ha convertido así en un filón tan rentable como la especulación financiera.

Este nuevo orden agrícola, al que estamos asistiendo, tiene su origen hace más de una década, pero ha alcanzado su apogeo a partir de la crisis alimentaria de finales de 2007 y principios del 2008. Según las previsiones de la FAO, la producción de alimentos tendrá que aumentar por lo menos un 70%, de aquí a 2050, para poder dar de comer a una población mundial que alcanzará los 9.100 millones de personas (actualmente ronda los 7.000 millones). Más gente, más alimento, más producción, más negocio, según la perspectiva de estos inversores.

El principal problema, a la hora de conocer cuántas hectáreas del continente africano están ya en manos extranjeras, es el oscurantismo que rodea estos acuerdos. Sin embargo, varios informes internacionales, afirman que una gran parte de los nuevos inversores que aterrizan en África proceden de países emergentes con escasez de tierras cultivables y agua para producir alimentos, como los Estados del Golfo (Arabia Saudí, Bahrein, Omán, Qatar…), o países asiáticos con mucha población y problemas de seguridad alimentaria como China, India o Corea del Sur. A la lista también hay que incluir a  Suecia, Alemania, Reino Unido y EE.UU, o países africanos como Egipto y Sudáfrica, que han suscrito acuerdos con Angola, Kenya, Zambia, R.D.Congo, Mozambique, Senegal, Malì, Sudán, Swazilan, Uganda, Botsuana, etc. Además de tierra y agua, buscan mano de obra barata.

Nambia (Silvia Sala)
El destino del suelo es cada vez con mayor frecuencia la producción de alimentos básicos, como el maíz, el arroz o el trigo, pero en muchas ocasiones también se destina, aunque de forma más minoritaria, según el Instituto Internacional de Investigación de Política Alimentaria, a la producción de materias primas agrícolas no alimentarias o agro-combustibles. Otras veces, se trata en realidad de “operaciones de cobertura” de las operaciones especulativas en mercados de derivados sobre materias primas agrícolas, que realizan los fondos soberanos de inversión (enormes masas patrimoniales propiedad, por lo general de los Estados exportadores de petróleo, constituidas a partir de los ingresos de la exportación de crudo) que son quienes están también detrás de estas inversiones en tierras de cultivo. Las operaciones no siempre se instrumentan a través de una compraventa, sino que a menudo las transacciones realizadas son contratos de arrendamiento a muy largo plazo o contratos de cultivo y suministro de alimentos a cambio de infraestructuras rurales y agrícolas, como sistemas de riego y carreteras.

Según el informe Tierra y Poder, publicado recientemente por Intermón Oxfam, a partir de los datos de recogidos por la Land Matrix Partnership, desde el año 2001, en todo el mundo han sido puestas en venta, se han concedido licencias para su explotación o han sido arrendadas, 227 millones de hectáreas mediante acuerdos a gran escala por parte, principalmente, de estos inversores internacionales. A pesar de la falta de transparencia, de la que hablábamos anteriormente, hasta ahora se han verificado más de 1.100 acuerdos en torno a un total de 67 millones de hectáreas. La mitad de estos contratos tienen lugar en África y afectan a un área equivalente al tamaño de Alemania.

Los inversores extranjeros provienen principalmente del sector privado, aunque con importante apoyo, ya sea financiero o de otro tipo, de organismos estatales. La presencia de Gobiernos, directamente o a través de empresas públicas o alianzas público-privadas, es también significativa en el grupo de inversores, pero lo es aún más en los países receptores de estas inversiones. Según datos del Instituto Internacional de Investigación de Política Alimentaria, entre 2006 y 2009 se realizaron un total de 33 operaciones en países africanos, de las cuales en al menos 23 (o un 69,7%) hubo intervención de un Estado o de una entidad estatal.

Los gobiernos nacionales de los países a los que se dirige la inversión atraídos por la falsa idea de desarrollo olvidan que están obligados a proteger los derechos e intereses de la población y se alinean del lado de los inversores, a los que ofrecen contratos nada exigentes, precios bajos y otros incentivos. El acaparamiento de tierras está provocando la expulsión de los pobladores, que ni siquiera son consultados, a pesar de que en muchos casos son agricultores o ganaderos locales que trabajan y sobreviven de esas tierras desde hace años. Los gobiernos e inversores saben que estos pobladores no disponen de ningún título de propiedad porque, tradicionalmente, esta siempre se ha regido por costumbres y tradiciones centenarias, sin registros.

Namibia (Silvia Sala)

Los derechos humanos fundamentales de estas personas, como el derecho a la tierra y a su protección, al agua, a los recursos naturales, a la seguridad alimenticia, al trabajo son, por tanto, continuamente violados. En la otra cara de la moneda de los compradores, se sitúan especuladores, intermediarios que trafican con tierra como si fuera una mercancía cualquiera y países como Sudán, Tanzania, Kenya, Malawi o Etiopía, con sus gobiernos a la cabeza, que han abierto las puertas de par en par a la inversión extranjera destinada a la agricultura, especialmente a la compra y explotación de tierras de cultivo.

África es un gran tablero de Monopoly, producto del imparable avance hacia un modelo agrícola africano basado en la concentración de la tierra en unas cuantas manos. Por ello, es necesaria la puesta en marcha de un código internacional de conducta que saque del secretismo a estas operaciones, respete los derechos de los pobladores, promueva un reparto equilibrado de beneficios, evite la explotación y ponga punto y final a este nuevo intento de colonialismo africano.

Si quieres seguir profundizando, te recomendamos el artículo de Patricia Garrido de nuestra campaña África Cuenta [PDF] y el documental Planeta en Venta.

 

 

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África Subsahariana: claves para la comprensión

Publicado el 02 septiembre 2011 por admin2

Panorama general

África es una y plural a la vez, aspecto que siempre se debe tomar en cuenta en cualquier análisis. Es una en su visión y concepción del mundo, y plural en sus expresiones y sus valores (África sahelina, África sahariana, África sudanesa, nilótica, bantú; África rural, África urbana; África animista, África musulmana y África cristiana que en algunos casos fusionan; unas 1.800 a 2.000 lenguas, la renta per cápita que va de los 8.650 de Seychelles o los 8.250 de Guinea Ecuatorial a los 100 de Burundi o los 130 de la RDC, o la densidad de población que va de 2 habitantes en Namibia a 300 en Ruanda,  etc.). Seguir leyendo

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Soberanía alimentaria y migraciones en África

Publicado el 12 mayo 2011 por admin

La soberanía alimentaria está en construcción como modelo alternativo de acceso y gestión social de la alimentación y los recursos naturales, incorporando participativamente de lo local a lo internacional a todo tipo de actores. Seguir leyendo

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La tierra de todos, el negocio de unos pocos: la mercantilización de la tierra

Publicado el 12 mayo 2011 por admin

Al hablar de “mercantilización de la tierra” nos referimos a la inversión, principalmente extranjera, en grandes extensiones de tierra cultivable en países empobrecidos que se encuentran, paradójicamente, sumidos muchas veces en graves crisis alimentarias. Seguir leyendo

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