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Bhutan

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EXPECTATIVAS DE UN FUTURO INCIERTO PARA LOS REFUGIADOS DE LARGA DURACIÓN: EL CASO CONCRETO DE BHUTÁN

Publicado el 20 junio 2013 por admin

Bhutan

Los refugiados de Bhután reivindican su derecho a retorno

 

 

 

 

 

 

Autora: Nina Wörmer Nixdorf

Para poder afrontar los retos a los que se enfrenta la Comunidad Internacional con los refugiados de larga duración, primero debemos definir y describir, brevemente, algunos de los conceptos y cifras más importantes.

Los últimos datos publicados por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), sitúan en 42,5 millones a las personas que se encontraban en situación de desplazamiento forzoso a finales de 2011.

                                                                                                                              

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Al analizar estas cifras debemos tener en cuenta qué status configuran este concepto. De hecho, para el ACNUR, la cifra de desplazados forzosos representa la suma de personas refugiadas[1] y de personas en situación de desplazamiento interno, IDPs (por sus siglas en inglés)[2].

En el año 2011 la cifra de desplazados forzosos aumentó en 4.3 millones de personas respecto a 2010[3]. De hecho, más 800.000 personas se convirtieron en refugiados al cruzar una frontera internacional huyendo de su país[4]. Esta cifra es la más elevada desde el año 2000. Respecto a los IDPs tenemos que hablar de más de 3.5 millones de personas en un año, “lo que supone un aumento del 20% respecto al 2010”[5].

Según podemos ver en el gráfico “a pesar del alto número de nuevos refugiados, la cifra total de desplazados por conflictos fue menor que en 2010, en que hubo 43,7 millones. Esto se debe principalmente al efecto compensador que ha supuesto el retorno a gran escala de personas desplazadas internas que han regresado a sus hogares en 2011, y que se eleva a 3,2 millones, la cifra más alta de retornos de desplazados de la última década[6].

Según ACNUR, la presente situación nos demuestra una tendencia que marcará el futuro a nivel global:

Desde una perspectiva a 10 años vista, el informe nos muestra algunas tendencias preocupantes: una de ellas es que el desplazamiento forzado está afectando a un número cada vez mayor de personas a nivel global, con la media anual sobrepasando los 42 millones en los últimos cinco años. Otra sería que una persona que se convierte en refugiado, tiene muchas más posibilidades de permanecer en esa situación por muchos años, a menudo en un campo de refugiados o viviendo en situación de precariedad en algún barrio urbano. De los 10,4 millones de refugiados bajo el amparo de ACNUR, casi tres cuartas partes (7,1 millones) llevan viviendo en el exilio durante más de cinco años, a la espera de una solución a su situación[7].

Uno de los retos a los que nos vamos a tener que enfrentar como sociedad internacional es la existencia, y seguramente el aumento constante, de refugiados de larga duración, es decir, que la situación de refugio de la inmensa mayoría de los refugiados supera los 5 años de duración.

Los principales problemas que surgen cuando la situación de refugio se perpetúa son:

  1. Falta de perspectivas de futuro:
    1. Ausencia de trabajo en los campos de refugiados.
    2. No aceptación por parte del país receptor.
    3. Escolarización y formación limitadas.
    4. Ausencia de estatus legal y jurídico.
    5. Dependencia de Organismos Internacionales.
  2. Problemas de salud:
    1. Malnutrición.
    2. Problemas psiquiátricos.
  3. Imposibilidad de retorno:
    1. Separación de sus familias.
    2. Desarraigo.
    3. Ausencia de relación con la patria.
  4. Violencia y hábitos de adicción en los campos de refugiados:
    1. Violencia de género.
    2. Consumo de alcohol y estupefacientes.

Para describir estas problemáticas quiero utilizar el ejemplo de los refugiados bhutaneses.

Si bien Bhután no es un país que juegue un rol de vital importancia en la política internacional considero que en materia de refugio es una clara muestra de las dificultades e injusticias a las que se ven expuestos los millones de habitantes del planeta que se encuentran en esta situación.

Para empezar debemos destacar que a diferencia de muchos otros países “emisores” de refugiados, en Bhután no existe un conflicto armado, pero sí una discriminación étnica que según organismos como Human Rights Watch o autores expertos en la materia como Michael Hutt, David Thornson o Nanda Gautam (por citar algunos) puede describirse como “limpieza étnica”.

La realidad es que desde 1991 la monarquía absolutista bhutanesa, y actualmente también el gobierno de Bhután, han forzado a la minoría étnica de los Lhotshampa a abandonar el país.

Este grupo étnico que profesa la religión hindú, tuvo que abandonar su país de origen debido a la implementación de diferentes leyes[8] y la puesta en marcha de políticas discriminatorias que les negaban la nacionalidad bhutanesa. A raíz de estas medidas gubernamentales más de 100.000 Lhotshampa tuvieron que instalarse en los 7 campos de refugiados que el ACNUR estableció en Nepal.

Los siete campos y sus habitantes (año 2006)

Camp Población. Nº de familias Nº de chozas Personas por choza
Beldangi-1 18,335 2524 2843 6.45
Beldangi-2 22,542 3358 3604 6.25
Beldangi-2 extension 11,594 1672 1827 6.35
Goldhap 9513 1348 1511 6.30
Khudunabari 13,392 1960 1960 6.83
Sanischare 20,993 2790 3212 6.54
Timai 10,293 1382 1716 6.40
Total 106,662 15,034 16,673 6.40

 

De esta manera los Lhotshampa dejaron de ser considerados ciudadanos y se convirtieron en  refugiados. Una realidad que se  sigue alargando hasta el día de hoy.

Han pasado 22 años desde que los primeros refugiados bhutanses llegaron a los campos en Nepal, pero ninguno de ellos ha podido regresar a su país de origen. De esta manera, las autoridades bhutanesas están privando a los refugiados de uno de sus principales derechos: el derecho al retorno.

La única solución que se les ha dado es la reubicación en terceros países. Actualmente, y desde 2007, ocho países[9] han recibido a refugiados bhutaneses. Esta reubicación ha logrado que en 2013, 69.000 de los más de 108.000 refugiados estén viviendo fuera de los dos campos de refugiados que existen actualmente en Nepal[10].

A los 69.000 Lhotshampa que no han querido formar parte del programa de reasentamiento, o que aún están a la espera de ser enviados a terceros países, les quedan pocas esperanzas para volver a Bhután en algún momento.

De hecho, ellos se enfrentan a problemas de diferente índole:

a) No reconocimiento por parte de Nepal de su condición de refugiado:

Este hecho hace que para los refugiados sea imposible desarrollar una vida normal fuera de los campamentos. El gobierno nepalí les impide realizar trabajos remunerados dentro de las fronteras de su país. Esto conlleva a una escalada de tensión dentro de los campos porque no hay opción de lograr un desarrollo personal en materia laboral.

b) Aumento de la violencia en los campos[11]:

Desde 2002 se han tipificado múltiples denuncias por violencia. En el año 2003 ACNUR recogió información sobre 48 de casos de violencia doméstica, violaciones, matrimonios forzosos y más de 35 casos de desaparición de niñas y mujeres (se cree que son víctimas de tráfico de personas) al año[12].

Un factor que influye en considerablemente en las acciones violentas que se dan en los campos es el consumo de alcohol y sustancias ilegales. El alcoholismo es uno de los principales problemas cuando hablamos de abuso de sustancias en los campos[13].

c) Ataques policiales:

Existen varias denuncias por abusos de la fuerza por parte de la policía  nepalí contra refugiados bhutaneses. El último caso es de abril de 2012 y relata la detención y el maltrato de un refugiado de 29 años a manos de la policía nepalí[14]. Antes, en mayo de 2007 la policía nepalí acabó con la vida de dos jóvenes refugiados e hirió a decenas de refugiados[15].

Además existen casos de fallecimiento a manos de la policía india. El caso más llamativo se produjo en 2007 cuando un número reducido de refugiados intentaron cruzar la India para poder regresar a Bhutan. El enfrentamiento entre la policía y los refugiados se saldó con un refugiado muerto.

d)Dependencia de Organismos Internacionales:

Debido a la imposibilidad de obtener trabajo y por consiguiente de hacerse valer por sí mismos en el aspecto económico, los refugiados tienen una dependencia absoluta de la Ayuda Internacional.

Con la actual crisis financiera y los recortes estatales por parte de la mayoría de los países del Norte en materia de cooperación el futuro de los refugiados, debido a esta completa dependencia, se queda aún más en el aire.

Este último punto es aplicable en su totalidad a todos los casos de refugiados de larga duración a nivel mundial. El reto al que nos enfrentamos es lograr cambiar esta realidad, aportando opciones de futuro para tantos millones de personas fuera de los miles de campos de refugiados que se encuentran a lo largo y ancho de todo el planeta.


[1] Según el Artículo 1 de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de las Naciones Unidas de 1951, entendemos por refugiado a una persona  “Que, […] debido a fundados temores de ser perseguida por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a determinado grupo social u opiniones políticas, se encuentre fuera del país de su nacionalidad y no pueda o, a causa de dichos temores, no quiera acogerse a la protección de tal país; o que, careciendo de nacionalidad y hallándose, a consecuencia de tales acontecimientos, fuera del país donde antes tuviera su residencia habitual, no pueda o, a causa de dichos temores, no quiera regresar a él”. [en línea] http://www.acnur.org/t3/a-quien-ayuda/refugiados/la-proteccion-internacional-de-los-refugiados-estandares-seleccionados/#Definici%F3n

[2] Para ACNUR, “los desplazados internos no cruzan fronteras internacionales en busca de seguridad y protección, sino que permanecen dentro de su propio país”. [en línea] http://www.acnur.org/t3/a-quien-ayuda/desplazados-internos/

[4] Ibídem.

[5] Ibídem.

[8] Las principales Leyes que han permitido a las autoridades bhutanses a expulsar a la población perteneciente a los Lhotschamapa son: Se trata de la Ley de nacionalidad de Bhután “Nationality Law of Bhutan” de 1958, su derogación y posterior promulgación por las Leyes de “Citizenship Act” de 1977, “Marriage Act” de 1980 y  “The Bhutan Citizen Act” de 1985.

[9] Los ocho países son: Estados Unidos, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Noruega, Dinamarca, Países Bajos y Reino Unido.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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El Monopoly africano

El Monopoly africano

Publicado el 27 enero 2012 por admin

 

La colonización de África dejó un continente trazado con escuadra y cartabón europeos en el que las fronteras fueron marcadas al azar y sin tener en cuenta la pluralidad de factores culturales, sociales y económicos de sus habitantes. Siglos después, en plena globalización, las sombras de una nueva colonización vuelven de la mano de grandes inversores extranjeros que se instalan en la región para hacerse con millones de hectáreas en las que cultivar productos que muchas veces son exportados íntegramente a otros países. Esta vez, los ignorados son aquellos agricultores y ganaderos que se ganan la vida en las tierras de las que son desplazados para dejar paso al “desarrollo” extranjero. La agricultura se ha convertido así en un filón tan rentable como la especulación financiera.

Este nuevo orden agrícola, al que estamos asistiendo, tiene su origen hace más de una década, pero ha alcanzado su apogeo a partir de la crisis alimentaria de finales de 2007 y principios del 2008. Según las previsiones de la FAO, la producción de alimentos tendrá que aumentar por lo menos un 70%, de aquí a 2050, para poder dar de comer a una población mundial que alcanzará los 9.100 millones de personas (actualmente ronda los 7.000 millones). Más gente, más alimento, más producción, más negocio, según la perspectiva de estos inversores.

El principal problema, a la hora de conocer cuántas hectáreas del continente africano están ya en manos extranjeras, es el oscurantismo que rodea estos acuerdos. Sin embargo, varios informes internacionales, afirman que una gran parte de los nuevos inversores que aterrizan en África proceden de países emergentes con escasez de tierras cultivables y agua para producir alimentos, como los Estados del Golfo (Arabia Saudí, Bahrein, Omán, Qatar…), o países asiáticos con mucha población y problemas de seguridad alimentaria como China, India o Corea del Sur. A la lista también hay que incluir a  Suecia, Alemania, Reino Unido y EE.UU, o países africanos como Egipto y Sudáfrica, que han suscrito acuerdos con Angola, Kenya, Zambia, R.D.Congo, Mozambique, Senegal, Malì, Sudán, Swazilan, Uganda, Botsuana, etc. Además de tierra y agua, buscan mano de obra barata.

Nambia (Silvia Sala)
El destino del suelo es cada vez con mayor frecuencia la producción de alimentos básicos, como el maíz, el arroz o el trigo, pero en muchas ocasiones también se destina, aunque de forma más minoritaria, según el Instituto Internacional de Investigación de Política Alimentaria, a la producción de materias primas agrícolas no alimentarias o agro-combustibles. Otras veces, se trata en realidad de “operaciones de cobertura” de las operaciones especulativas en mercados de derivados sobre materias primas agrícolas, que realizan los fondos soberanos de inversión (enormes masas patrimoniales propiedad, por lo general de los Estados exportadores de petróleo, constituidas a partir de los ingresos de la exportación de crudo) que son quienes están también detrás de estas inversiones en tierras de cultivo. Las operaciones no siempre se instrumentan a través de una compraventa, sino que a menudo las transacciones realizadas son contratos de arrendamiento a muy largo plazo o contratos de cultivo y suministro de alimentos a cambio de infraestructuras rurales y agrícolas, como sistemas de riego y carreteras.

Según el informe Tierra y Poder, publicado recientemente por Intermón Oxfam, a partir de los datos de recogidos por la Land Matrix Partnership, desde el año 2001, en todo el mundo han sido puestas en venta, se han concedido licencias para su explotación o han sido arrendadas, 227 millones de hectáreas mediante acuerdos a gran escala por parte, principalmente, de estos inversores internacionales. A pesar de la falta de transparencia, de la que hablábamos anteriormente, hasta ahora se han verificado más de 1.100 acuerdos en torno a un total de 67 millones de hectáreas. La mitad de estos contratos tienen lugar en África y afectan a un área equivalente al tamaño de Alemania.

Los inversores extranjeros provienen principalmente del sector privado, aunque con importante apoyo, ya sea financiero o de otro tipo, de organismos estatales. La presencia de Gobiernos, directamente o a través de empresas públicas o alianzas público-privadas, es también significativa en el grupo de inversores, pero lo es aún más en los países receptores de estas inversiones. Según datos del Instituto Internacional de Investigación de Política Alimentaria, entre 2006 y 2009 se realizaron un total de 33 operaciones en países africanos, de las cuales en al menos 23 (o un 69,7%) hubo intervención de un Estado o de una entidad estatal.

Los gobiernos nacionales de los países a los que se dirige la inversión atraídos por la falsa idea de desarrollo olvidan que están obligados a proteger los derechos e intereses de la población y se alinean del lado de los inversores, a los que ofrecen contratos nada exigentes, precios bajos y otros incentivos. El acaparamiento de tierras está provocando la expulsión de los pobladores, que ni siquiera son consultados, a pesar de que en muchos casos son agricultores o ganaderos locales que trabajan y sobreviven de esas tierras desde hace años. Los gobiernos e inversores saben que estos pobladores no disponen de ningún título de propiedad porque, tradicionalmente, esta siempre se ha regido por costumbres y tradiciones centenarias, sin registros.

Namibia (Silvia Sala)

Los derechos humanos fundamentales de estas personas, como el derecho a la tierra y a su protección, al agua, a los recursos naturales, a la seguridad alimenticia, al trabajo son, por tanto, continuamente violados. En la otra cara de la moneda de los compradores, se sitúan especuladores, intermediarios que trafican con tierra como si fuera una mercancía cualquiera y países como Sudán, Tanzania, Kenya, Malawi o Etiopía, con sus gobiernos a la cabeza, que han abierto las puertas de par en par a la inversión extranjera destinada a la agricultura, especialmente a la compra y explotación de tierras de cultivo.

África es un gran tablero de Monopoly, producto del imparable avance hacia un modelo agrícola africano basado en la concentración de la tierra en unas cuantas manos. Por ello, es necesaria la puesta en marcha de un código internacional de conducta que saque del secretismo a estas operaciones, respete los derechos de los pobladores, promueva un reparto equilibrado de beneficios, evite la explotación y ponga punto y final a este nuevo intento de colonialismo africano.

Si quieres seguir profundizando, te recomendamos el artículo de Patricia Garrido de nuestra campaña África Cuenta [PDF] y el documental Planeta en Venta.

 

 

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Jean Ziegler, ex Relator Especial de la ONU para el Derecho a la Alimentación[1]

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