Para que no vuelvan. Sobre las movilizaciones tunecinas.

09 mayo 2011 | Autor:admin

Determinación. Es lo que ha caracterizado al pueblo tunecino en estas últimas semanas desde que la revolución estallara. Es lo que ha permitido hacer avanzar la revolución, lo que ha impedido que se abortara o fuera expropiada a sus protagonistas. El anuncio de las elecciones a asamblea constituyente el próximo 24 de Julio, son el primer paso claro de la transformación de un régimen dictatorial en democracia. Constituyen uno de los elementos de la hoja de ruta que el nuevo Primer Ministro (el segundo desde que la revolución comenzó a mediados de diciembre) ha marcado de acuerdo con partidos políticos, asociaciones y la gran central sindical, Unión General de Trabajadores Tunecinos, UGTT.

El estereotipo de pueblo sumiso ha pesado largos años sobre Túnez. Lograr convencer a la opinión pública mundial que un verdadero cambio es posible, ha salido caro, cerca de 200 personas se han dejado la vida (sólo en los dos últimos meses). Muchas más han sido las detenidas, apaleadas, heridas y sobretodo “gaseadas” por la policía. Los métodos brutales de ésta no acabaron con la salida del dictador el 14 de Enero, se prolongaron durante semanas, a lo largo del proceso revolucionario.

Casi dos meses antes, el 17 de diciembre de 2010, un joven (Mohamed Bouazizi), proclamaba su derecho a la dignidad en un acto de desesperación final, una inmolación pública. El detonante de la revolución. Nadie podía verla venir, aunque fuese el acontecimiento que esperaba mucha gente, más allá de las fronteras nacionales. La base inicial de las revueltas fue claramente el malestar social, las condiciones de trabajo indignas, la tasa de paro que vapuleaba el horizonte de la población más joven, la carestía de la vida que se burlaba de los salarios de las clases trabajadoras. Hay quien remonta el origen de la revolución a los levantamientos en Ghafsa (cuenca minera de fosfatos del país) hace dos años, violentamente reprimidos, qué duda cabe. Es evidente que existe una trayectoria de cansancio y hastío social que ocasionan la explosión de la población tunecina.

A todo esto se une la falta de libertad de expresión, en uno de los países que se presumía como uno de los más adelantados entre sus vecinos del mundo árabe. Muestra de ello, el Código de Estatuto Personal, que regula las relaciones entre las personas, fruto de los esfuerzos del histórico líder Bourghiba, y que otorgaba más derechos[1] a las mujeres tunecinas, que en los países vecinos. Sin embargo, el acceso a determinados contenidos de Internet estaba prohibido, las conversaciones telefónicas eran escuchadas, determinada prensa extranjera no entraba al país, y la nacional libre no existía. Las asociaciones críticas[2] con el régimen eran marginadas, acosadas al punto de limitar su actividad bajo mínimos.

Las regiones más desfavorecidas, aquellas del interior, donde el Estado no invertía apenas, y que presentaban índices económicos y de desarrollo muy por debajo de las regiones del litoral, fueron las que con más fuerza se levantaron e iniciaron la revolución en Túnez. Cualquier persona que haya seguido los acontecimientos en el país, es capaz de situar en el mapa, sin dificultad, localidades antes desconocidas como El Kef, Kasserine o Sidi Bouzid. Los trabajadores y trabajadoras con condiciones de vida miserables, los y las jóvenes diplomadas en paro, amparados por algunas uniones regionales de la central sindical UGTT, se movilizaron. Las grandes capitales las siguieron a continuación. Las bases iban muy por delante de la dirección de la central sindical. Las regiones (y Uniones Regionales del sindicato) se fueron sumando con una serie de huelgas generales convocadas antes de la caída de Ben Ali. La decisiva, la convocada por la Unión Regional de la UGTT de Túnez el día 14 de Enero. La acompañó una marcha multitudinaria que comenzó desde la Plaza Mohamed Ali, frente a la sede central de la UGTT.

Es innegable el importante papel jugado por el sindicato en Túnez, tanto en esos momentos decisivos, como actualmente en el prólogo de la democracia. Única estructura organizada, que agrupa a más de cuatrocientas mil personas, múltiples corrientes ideológicas cohabitan en el sindicato. Distintos responsables sindicales están de acuerdo en calificar a la UGTT como el mosaico que refleja la composición de la sociedad tunecina. Su futuro se perfila como este calificativo, múltiples corrientes que pueden, o bien fortalecerla en su camino hacia la democratización de la estructura, o que pueden convertir el panorama sindical tunecino en una pluralidad bienvenida.

Desde el 14 de Enero, han pasado ya cerca de dos meses. Y el pueblo tunecino sigue determinado a lograr sus objetivos. Lo han mostrado de nuevo con concentraciones multitudinarias hace pocas semanas. Los lugares turísticos, la Kasbah, la avenida Bourghiba, la medina entre ambas, han sido politizados. Lugar de expresión popular, en el centro de las miradas de los medios, de los gobernantes, de los partidos y del sindicato. Las concentraciones han logrado desbancar del poder, una vez más, a aquellos que no estaban firmemente convencidos que el país tiene  que avanzar.

Está costando desmantelar el régimen dictatorial y represivo que se había instaurado en el país durante décadas. La administración, la seguridad, y otros muchos todavía no han comprendido que prestan un servicio público, a la población. Cuesta abandonar los malos hábitos. Sin embargo, los mecanismos de defensa y de reivindicación han anclado en lo más profundo de la conciencia social tunecina.

Los gobiernos europeos y occidentales, los organismos internacionales y de solidaridad, las instituciones financieras internacionales, se apresuran a visitar el país como nunca hicieron, a mostrar su apoyo, y conceder donaciones, abrir nuevas vías de financiación para garantizar la democracia, el respeto de los derechos…y todo aquello que durante años no supieron reclamar al poder en Túnez. En las primeras cuatro semanas de revolución, se registraron más de 20 visitas de representantes de organismos internacionales y países extranjeros. No se puede negar que estas nuevas vías de apoyo son necesarias.

Una de las prioridades nacionales es relanzar la economía para salvar la revolución. La temporada turística del 2011 es determinante para el futuro del país. Por eso se han lanzado campañas para promover el turismo hacia Túnez, un turismo diferente al que se venía realizando en el país, donde los turistas en cuanto aterrizaban, eran conducidos a los complejos hoteleros, con atracciones, piscinas y playas kilométricas. La realidad cotidiana del país quedaba muy lejos de la mirada del turista occidental. Este sector, que constituye una de las industrias más fuertes[3] y que más ingresos produce al país, se moderniza, se adapta. La última estrategia creada es el lanzamiento de las rutas turísticas de la revolución, que permiten al turista pisar los lugares donde se produjeron los acontecimientos de la revolución que cambiaron el rumbo de la historia de Túnez.

Otro desafío, la población joven tunecina, cualificada y en busca de empleo. Un mercado de trabajo que no es capaz de integrarla. Caracterizado por la precariedad, por la subcontratación, por la informalidad, sin garantías ni expectativas de futuro para la población joven de Túnez. Túnez ha sido un país gobernado por un partido único con mano de hierro, donde la pluralidad, la diferencia, la contestación eran crímenes sancionables con pena de prisión. Si las elecciones presidenciales eran una mera falacia, las elecciones a nivel regional y local, ni siquiera existían. Los gobernadores y consejos municipales eran nombrados por el Primer Ministro, sin ningún tipo de consulta a la población. De ahí los reproches y la fuerte movilización de la población en las últimas semanas contra el gobierno transitorio, ante la aplicación de los métodos del antiguo régimen en los nombramientos de gobernadores y alcaldes. Otra razón, no haber desmantelado con firmeza las antiguas instituciones dictatoriales: el RCD[4] (partido único), la policía política, la corrupción, los abusos, la falta de participación y representación de la población. Un gran desafío que se suma a la lista: la reconstrucción de las instituciones, la articulación de una legislación que proteja y garantice los principios de un estado democrático, que permita la participación de la población, y la construcción progresiva de ciudadanía.

Incluso la sociedad civil tunecina se veía impregnada por esta deformación de la democracia: de las seis mil asociaciones censadas en Túnez antes de la revolución, ni siquiera una veintena llegaban a ser calificadas conforme a criterios objetivos como independientes. El resto, por más que se hicieran llamar ONG, en realidad se trataba de Organizaciones gubernamentales, aparatos en manos del partido único, que llegaban a todos los rincones del país.

Las mujeres y la juventud tunecina han estado muy presentes en todas las movilizaciones. El déficit democrático de Túnez no garantizaba una igualdad real en la sociedad. Ni siquiera la igualdad formal estaba reconocida en todos los ámbitos, a pesar de que las tunecinas hayan beneficiado de un estatuto mejor que el de sus vecinas en el mundo árabe. El movimiento feminista en Túnez defiende y recuerda que es imposible construir una democracia en ausencia de garantías para los derechos de las mujeres. La sociedad civil y las asociaciones de mujeres y por los derechos humanos, se configuran como garantes de su reconocimiento. El riesgo de que las corrientes islamistas bloqueen los avances es demasiado alto. Y no sólo eso, sino que a ello se suma el que la mayor parte de los partidos políticos (incluso los calificados como izquierda radical) no consideran los derechos de las mujeres como una cuestión prioritaria, Buena prueba de ello, es la ausencia total de mujeres en puestos visibles de responsabilidad en estos partidos.

El punto de partida de su lucha es la proclamación del Principio de Igualdad entre hombres y mujeres en la Constitución, con la inclusión de medidas específicas que comprometan una actuación de los poderes públicos en este sentido. Vendrán después las luchas históricas, como la eliminación de la discriminación en las leyes, la lucha contra la violencia hacia las mujeres, la promoción de su participación política…

De esta forma, el debate público se articula en torno a la confrontación de dos nociones claves: laicidad frente a islamismo. Es el juego de la democracia, o entran todos, bajo el respeto a los principios comunes del sistema democrático, o no existe. La contradicción entre la antigua Constitución, aun vigente, pero sin legitimidad popular, y los principios democráticos, reconocidos como legítimos por la ciudadanía, anticipa que los próximos meses serán decisivos en Túnez, como lo han sido los dos últimos. La movilización social y política, tan criticada por algunos medios locales y figuras políticas, responde a este desafío. Estas reivindicaciones y la movilización de la sociedad tunecina no es excesiva, es necesaria, porque constituye el único contrapunto y límite a los usos y abusos del antiguo régimen. Para que no vuelvan.


[1] Aunque sin llegar a garantizar la igualdad formal entre hombres y mujeres, en 1956 se promulga el Código de Estatuto Personal tunecino, y una legislación anexa, que, entre otras medidas, prohíbe la poligamia, reconoce el derecho al divorcio a la mujer tunecina, incluso al aborto con ciertos límites. La discriminación existe hasta hoy, en particular en la figura jurídica de la herencia.

[2] Asociación de periodistas, Liga tunecina de derechos humanos, Comité Nacional por las libertades de Túnez, Asociación de Mujeres demócratas, Asociación de Mujeres por el Desarrollo y la Investigación, etc.

[3] Según cifras oficiales, el turismo en Túnez ha bajado en un 45% entre Enero y Febrero del 2011. Esta industria representa el 7% del Producto Interior Bruto de Túnez, con unas 400.000 personas empleadas.

[4] Disuelto por sentencia judicial finalmente en Marzo.

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