Soberanía alimentaria y migraciones en África

12 mayo 2011 | Autor:admin

La soberanía alimentaria está en construcción como modelo alternativo de acceso y gestión social de la alimentación y los recursos naturales, incorporando participativamente de lo local a lo internacional a todo tipo de actores.

Para Paul Nicholson “la lucha por la soberanía alimentaria y por la existencia misma de la agricultura campesina es además una respuesta al desafío que presenta el éxodo más grande que haya presenciado la humanidad”. Éxodo rural presente en Senegal y Cabo Verde, ejemplos significativos como estudio de caso: cuentan con diásporas relevantes en España y han sido destino de la cooperación en soberanía alimentaria y migraciones.

Habitáfrica

Desde el inicio de la descolonización a mediados del siglo XX el porcentaje de población rural en África disminuye pareja al crecimiento urbano. La ONU estimó que en 2010 el 51,3 % de la humanidad vivía en ciudades. Aunque el continente negro es todavía rural en un 63,90% su tasa de urbanización anual del 4,87% es la mayor del mundo. En los últimos 50 años, Cabo Verde pasó del 16,7 al 61% de población urbana y Senegal del 23 al 43% (en Europa alcanza el 73,9) [1]. La evolución del modelo territorial es también del sistema agroalimentario a nivel global en función de los procesos de crecimiento y acumulación propios del sistema económico dominante.

Con la revolución verde caen los precios de los alimentos pero sobretodo de las rentas del sector agrario. Manuel González de Molina valora en 1,3 billones de dólares la producción alimentaria mundial, la oferta por persona habría crecido el 24% desde 1961. Paradójicamente los precios percibidos por las y los agricultores han disminuido desde entonces un 40%. Se favorece “un aumento del esfuerzo extractivo y degradativo que la agricultura ejerce sobre el capital natural”. En un círculo vicioso se suceden erosión, empobrecimiento del suelo, deforestación, sobrepastoreo y prácticas agrícolas inadecuadas descendiendo la productividad y expulsando población.

En África postcolonial la agricultura, con una industrialización desigual y la extensión del monocultivo de exportación promovida por las metrópolis, se encuentra con la presión del “régimen alimentario corporativo”. Desde los 80 asistimos a la creciente concentración del control de los mercados agrícolas por un número reducido de grandes empresas beneficiarias de la progresiva desregulación del comercio internacional. Monsanto, Dupont y Syngenta poseen en torno al 50% del mercado de semillas patentadas y fitosanitarios. En la comercialización y venta quince empresas (Wal-Mart, Carrefour, etc.) controlan el 31% de la distribución mundial de alimentos. La imposible competencia lleva al abandono progresivo de pequeñas explotaciones y comercios en el medio rural La emigración rural-urbana y rural-rural en busca de empleo es consecuencia de la destrucción de las economías campesinas a nivel global.

Los llegados en el mbëkk o travesía atlántica de Senegal a Canarias son, en parte, pequeños comerciantes o trabajadores de la economía popular, hijos de los inmigrantes que vieron frustradas sus sueños de progreso en las ciudades. Pero, además de este origen rural indirecto, la procedencia de la mayoría sigue siendo campesina. La antropóloga Mercedes Jabardo señala como la movilidad en, desde y hacia Senegal es constante desde finales del siglo XIX con la expansión del cultivo del cacahuete. Los territorios del África Occidental Francesa se especializan en zonas expulsoras o atractoras de mano de obra para las plantaciones de cacahuete o cacao. En los 50 el reclutamiento de jóvenes rurales haalpular y sonike del valle del río Senegal y Tambacunda por la industria automovilística francesa marca el inicio de las tendencias actuales, siguiendo la lógica de las “migraciones coloniales”. La marcha al extranjero se convertirá en “la estrategia económica prioritaria de las familias campesinas”. Pero las etapas de incertidumbre económica, a partir de 1967 significan para las y los “trabajadores coloniales” el endurecimiento de la entrada e inserción en el mercado de trabajo. Francia favorece la reorientación de las tendencias migratorias hacia otros países africanos. Mientras se multiplica el número de entradas y estancias clandestinas en su territorio respondiendo a iniciativas individuales o familiares. “Entre un periodo y otro cambiaron los flujos, procedencias e incluso grupos étnicos de los migrantes senegaleses” que ahora vienen de las zonas rurales productoras de cacahuete, son en su mayoría wolof apoyados por redes trasnacionales de carácter religioso.

La soberanía alimentaria ha sido construida como síntesis conceptual por activistas, organizaciones no-gubernamentales, colectivos rurales, sindicatos agrarios, asociaciones ecologistas o sectores académicos e, incluso, administraciones públicas tanto del Norte como del Sur. Al exigir la soberanía alimentaria demandan unas políticas alternativas al modelo de desarrollo dominante al que atribuyen el progresivo deterioro y empobrecimiento del planeta. Como señala el ecologista Daniel López, más que alternativa “de desarrollo” lo es “al desarrollo” en sí. Ligada al debate sobre la erradicación del hambre y la pobreza, frecuentemente se la yuxtapone a la “seguridad alimentaria”, sus orígenes van más allá, al retomar desde la ruralidad antiguas resistencias y debates cuestionando el desarrollismo y la imposición del modelo civilizatorio de la modernidad occidental.

Se acepta comúnmente que el término como tal fue creado por La Vía Campesina (LVC) en 1996 en la declaración de Tlaxcala (México). Se hacia urgente poner las bases de una alternativa al modelo agrícola dominante caracterizado, según LVC, por soluciones técnicas basadas en el corto plazo, las restricciones de las políticas comerciales, las distorsiones del mercado, la industrialización de la agricultura y el control de las grandes corporaciones. La soberanía alimentaria se define en contraposición a todas ellas, reclamando el derecho a la alimentación, el acceso a los recursos productivos, la producción agroecológica y el comercio de ciclo corto basado en lo local. Comienza también su proyección internacional al ser incorporada por organizaciones campesinas de Latinoamérica y África del Oeste al debate del Foro paralelo de ONG/OSC en la Cumbre Mundial sobre Seguridad Alimentaría de Roma auspiciada por la FAO en 1996. El concepto irá evolucionando y ampliando sus apoyos, fortaleciéndose desde la base a través de foros sociales, y encuentros. En Nyéléni (Malí, 2007) se define como “el derecho de los pueblos a alimentos nutritivos y culturalmente adecuados, accesibles, producidos de forma sostenible y ecológica, y su derecho a decidir su propio sistema alimentario y productivo”.

Frente a la seguridad alimentaria que pone el acento en el derecho al acceso a la comida, la soberanía implica “mantener la capacidad de producción alimentaria en base a un sistema de producción campesina diversificada”. El énfasis se pone en lo local y en el modo de producción que ha venido preservando la biodiversidad, la capacidad productiva de las tierras, su valor cultural y los recursos naturales. LVC considera que la soberanía es una propuesta política en contraposición a la seguridad alimentaria al incidir en el modelo agroalimentario y los efectos socioambientales de la producción, distribución y consumo de alimentos.

Las migraciones internacionales (Lorca, 2009) son “la consecuencia más visible del proyecto neoliberal y las políticas agrícolas anti-campesinas que han provocado la destrucción sus economías, una infrenable desruralización y un desplazamiento como nunca se ha registrado en la historia, de millones de seres humanos que no pueden sobrevivir en sus tierras”. A partir de la 4ª Conferencia de Itaici, (Brasil, 2004) la estrategia de LVC incluye la migración en interrelación con la meta de Soberanía Alimentaria. Desde esta perspectiva, el modelo de producción agroindustrial causa la degradación del medio rural provocando su despoblación y la masificación urbana. Además es responsable de la perdida de autoestima y motivación en el campo ante la falta de expectativas de los sectores más jóvenes de la población que se refleja también en la creciente feminización de las migraciones. Esta desmotivación ante la destrucción de los sistemas tradicionales de manejo y las dificultades de las pequeñas explotaciones agrarias provoca la emigración masiva tanto a las grandes ciudades como al exterior. También se culpa al modelo agroindustrial neoliberal de la violencia y de las “guerras de despojo y ocupación”, es decir, la apropiación de la tierra y de los territorios rurales, particularmente de los pueblos indígenas, que no sólo “agudiza la emigración humana sino que además representa la ofensiva más seria en contra del medio ambiente y los recursos naturales de los pueblos, sobre todo del Sur”.

En Itaici se pone de manifiesto el hecho paradójico de que la inmigración constituya la mano de obra barata utilizada por la agricultura industrial y la producción de alimentos a gran escala. Lo que, a su vez, permite a unas pocas empresas inundar los mercados con productos agroalimentarios muy por debajo de los costes de producción de las pequeñas explotaciones familiares. Estas mercancías producidas por inmigrantes generan más desplazamientos al reducir la capacidad de autosuficiencia de los campesinos y campesinas en sus tierras. En palabras de LVC “los trabajadores agrícolas del Norte, que son los/as mismos/as campesinos/as arruinados/as del Sur, producen para arruinar a más campesinos/as y convertirlos en inmigrantes”.

LVC incorpora las luchas de las organizaciones de migrantes y denuncia las miles de muertes al intentar pasar del Sur al Norte y las políticas de “criminalización, persecuciones, encarcelamiento y deportaciones, en la militarización de las fronteras y en los muros”. Para LVC hay una contra-paradoja y está en el movimiento de respuesta de los inmigrantes, “como no había presenciado la humanidad”, a un sistema que los ha acorralado y que a su vez erosiona el “modelo capitalista neoliberal” que lo desencadena y que se caracteriza por “favorecer a las multinacionales, concentra la riqueza en cada vez menos manos y empuja cada vez a más pueblos a la pobreza extrema” siendo las migraciones forzadas “el fallo más visible del sistema”.

El modelo agroindustrial tiene que ver con la dependencia de los combustibles fósiles e incide gravemente en el cambio climático. Los factores ambientales y migratorios (OIM, 2009), se relacionan bidireccionalmente: los primeros precipitan la movilidad a la par que los desplazamientos masivos afectan. al entorno. El cambio climático añadiría una complejización de este nexo acelerando la degradación. La OIM, estima en 10 millones las personas emigradas o desplazadas en las últimas dos décadas en África debido a la degradación medioambiental y la desertificación. Los países menos avanzados, debido a su poca capacidad de adaptación y a su geografía particularmente susceptible, son los más vulnerables. Cabo Verde y Senegal se encuentran entre ellos En Tambacunda la emigración se ha convertido convertido en un fenómeno estructural alcanzando al 90% de los hombres entre 30 y 60 años. Región especialmente afectada por la erosión, la pérdida de mano de obra impide la rehabilitación del terreno debilitando la producción de alimentos para los que quedan. La OIM advierte: cuando la degradación ambiental se agrava la migración resultante puede volverse permanente y requerir la realocación de las poblaciones afectadas.

El archipiélago de Cabo Verde representa un ejemplo singular de la evolución de las dinámicas migratorias en el espacio atlántico y de esa relación dinámica con el medio ambiente y la sustentabilidad de un territorio. En la actualidad se ha tejido una tupida red de conexiones entre la diáspora, unas 700.000 personas, y las 450.000 que habitan el país. Deshabitado a la llegada de los navíos portugueses en el s. XV se convertirá en punto estratégico de la trata negrera y será repoblada en gran parte por esta. La presión humana sobre el frágil entorno llevó a periodos cíclicos de sequías causando hambrunas y muerte. Esto será así hasta la instauración de lo que se ha denominado la cultura migratoria caboverdiana. “El Correo” de la UE en un monográfico dedicado a Cabo Verde afirmaba que “es un país que ha logrado la hazaña de salir del grupo de países menos desarrollados e integrarse en el de países de rentas medias.(..) la verdadera razón de ese éxito radica en su único recurso auténtico: la población”[2].

Los objetivos del milenio establecieron como meta para 2015 la reducción a la mitad el número de personas que padecen hambre. Compromiso asumido por la cooperación española, a partir de su II Plan Director 2005-2008 sus documentos principales adoptan la soberanía alimentaria como necesidad social básica (junto con educación y sanidad). Desarrollado en la “Estrategia de Lucha contra el Hambre” se parte de la soberanía alimentaria en la acepción de LVC y la declaración de la Habana de 2001. El objetivo del IIPD es contribuir a hacer efectivo el derecho humano a la alimentación y mejorar las condiciones de vida y soberanía alimentaria de los segmentos de población más vulnerables, en especial la del ámbito rural, favoreciendo procesos de desarrollo económicos locales. Según este punto de vista la disminución del hambre, la desnutrición y la pobreza pasa por la promoción de un desarrollo sostenible y con equidad. El foco se pone en la pequeña y media producción y en el respeto a la cultura y la diversidad de los modelos de producción campesinos, pesqueros e indígenas para la producción, comercialización y la gestión de los espacios rurales.

En el Documento de Estrategia País de Cabo Verde el objetivo principal de reducción de la pobreza se vincula a la soberanía alimentaria. Entre las previsiones de actuación para el año 2006 destacan las que se dirigen al fomento de la soberanía alimentaria que se “llevarán a cabo desde la óptica de lo local” y del respeto y defensa de las culturas y tradiciones alimentarias”. También están presentes los proyectos de codesarrollo. Cabo Verde se ha convertido en experiencia piloto del “enfoque global” de las migraciones para “una movilidad reglamentada”. En 2008 firmó el primer “acuerdo de movilidad” con terceros países (junto con el de Moldavia) de la UE. Sin embargo a nivel europeo o bilateral con España poco se ha hecho para “fortalecer la migración legal” y las alternativas de arraigo. Lo que si se ha implementado es Frontex para “mejorar la gestión de la emigración clandestina de África a Europa”.

En África “el desarrollo comenzó mal” como señaló René Dumont en su clásico ensayo. A pesar de que numerosos líderes de las independencias como Nyerere o Nkrumah hicieran una apuesta por eliminar dependencias externas y potenciar los recursos propios, pocos como el lider de la independencia de Guinea Bissau y Cabo Verde Amilcar Cabral subrayaron la necesidad de construirlo desde la identidad y la cultura local. En los 70, los enfoques comunitaristas demuestran que la falta de eficacia del desarrollo se debe a la desconexión entre los proyectos y la base social que debe sustentarlos, al olvido de su cultura, obviando prácticas y conocimientos tradicionales, priorizando mercancías y técnicas sobre las personas que deben protagonizar el cambio social necesario. En los 80 -la llamada década perdida del desarrollo en África- las políticas de ajuste estructural suponen creciente empobrecimiento y hambrunas. Las antiguas urbes coloniales crecen exponencialmente a la par que el éxodo rural.

Los discursos de la ayuda al desarrollo, y entre ellos singularmente de la cooperación española, hicieron suyo el término soberanía alimentaria. Sin embargo, la adopción del mismo no incluye la aplicación de sus contenidos en lo que sería una estrategia coherente de políticas hacia personas y territorios empobrecidos del planeta. Tal vez se deba a que la soberanía alimentaria ha sido fuertemente contestada por la clase política e intelectual que, con la industria agroalimentaria, prioriza la producción como solución a las necesidades alimentarias de la humanidad. Desde este punto de vista se la ha menospreciado como una construcción del idealismo esencialista de los altermundialistas del Norte.

Sin embargo, en África ya en los años de las independencias y el entusiasmo por el desarrollismo habían surgido voces críticas al modelo productivista. Cabral puso en evidencia la relación entre identidad y cultura con la lucha por la liberación. No sólo como vía para la independencia sino sobretodo al desarrollo de los pueblos. La articulación teórica y práctica de su pensamiento es fruto de su trabajo en la realización del primer censo agrario y la labor que realiza como extensionista resaltando la importancia de construir el cambio social desde el dialogo con lo local y su historia, anticipándose a perspectivas teóricas como las de la extensión agroecológica en la búsqueda de estrategias de desarrollo rural sustentable.

Desde el paradigma de la soberanía alimentaria el énfasis en lo local implica el mantenimiento de la biodiversidad y de los conocimientos campesinos, entendidos como el conjunto de información, metodologías de trabajo práctico y teórico y sabiduría que ha acompañado las actividades de la producción agroalimentaria a lo largo de la historia de la humanidad. El debate de hoy en día se centra en la respuesta a los retos del desequilibrio territorial provocado por la desestructuración social y degradación ambiental en el medio rural. Desde el punto de vista migratorio debemos analizar hasta que punto es apropiado favorecer uno u otro modelo, el arraigo y la autosuficiencia locales o la movilidad de la mano de obra y la dependencia del exterior en función de las necesidades de las corporaciones agroalimentarias.

En nuestra investigación en Senegal y Cabo Verde poniendo en relación migraciones, desarrollo rural y cooperación aparece recurrentemente la sensación de que ni la soberanía alimentaria ni el codesarrollo están presentes en la práctica en el terreno. Sin embargo ambos con distintas denominaciones han ocurrido “espontáneamente” a lo largo de la historia. El trabajo de extensión, seria el medio por el que de una forma dialógica con la sabiduría local, que por generaciones ha desarrollado unos sistemas agro ecológicos adaptados, se adquieren conocimientos e ideas en áreas rurales a fin de lograr cambios que mejoren la calidad de vida. Dentro de la tradición de los estudios campesinos, el rol de la extensión rural supone el acompañamiento para fortalecer los procesos participativos locales a la par que respeta la coevolución (social y ecológica) del territorio. La extensión alternativa parte de las teorías de la dependencia y las experiencias de educación popular y de la investigación participativa que contrastan con las propuestas autoritarias de la extensión convencional. El desarrollo rural sustentable podría facilitarse desde las estrategias de este modelo en las actuaciones de la cooperación internacional que ya reconoció la validez del paradigma pero que no parece haberlo materializado coherentemente.

La construcción de la soberanía alimentaria no ha estado exenta de sombras. Su legitimad como proceso participativo desde abajo ha sido cuestionada, por la burocratización y profesionalización de algunos de sus líderes. De otra parte se critica la falta de consistencia de su desarrollo teórico y el idealismo esencialista de algunas visiones. Ferran Iniesta alerta de las tendencias bolivarianas en África. Pero lo cierto es que como hemos visto se trata de un proceso dinámico que continúa la tradición del pensamiento africano y su relación con el medio así como los aportes de figuras como Cabral, Achile Mbembe o Ngugui wa Thiong´o y su apuesta por el desarrollo auto centrado.

Senegal y Cabo Verde cuentan con una presencia notable de la cooperación española. Sus diásporas tienen con un peso indudable en el estado español. Sin embargo en las actuaciones implementadas desde el “enfoque integral de las migraciones” han primado los aspectos securitarios. No sólo se han relegado los cauces a la migración legal o el codesarrollo, otras medidas desincentivadoras de fenómenos como el mbëkk o la clandestinidad masiva. También, a partir del III PD, se ha desactivado la potencialidad de la soberanía alimentaria que aportaba una alternativa al éxodo rural, reforzando el derecho a no emigrar, al defender la conservación del medioambiente y la construcción del desarrollo rural en base a las economías campesinas y la sabiduría local. En el análisis del plan anual de 2008 de la cooperación española se vincula la estrategia de la lucha contra el hambre con la potencialidad de reforzar las conexiones de las diásporas con el origen que propone el codesarrollo.

La soberanía alimentaria tiene un amplio camino por recorrer en el ámbito de las migraciones y el desarrollo de la cooperación adaptándola a las realidades locales más allá de los discursos. Se configura como alternativa al construir un modelo de desarrollo territorial sustentable y equitativo. También evidencia la íntima conexión entre el desarrollo rural del Sur y del Norte, no sólo por las migraciones, o la agricultura y nuestro papel de la producción al consumo, sino como alternativa desde una perspectiva de derechos incluyendo a la alimentación, medioambientales, laborales o la de libre circulación. Su desarrollo teórico va creciendo como demuestra la proliferación de cátedras, grupos de investigación, estudios académicos etc. en nuestro país, gracias a la labor de Eduardo Sevilla, Ángel Calle, Esquinas o Marta Soler entre otros muchos. Tal vez los pasos atrás en el apoyo institucional se deban al ansia de resultados visibles en el corto plazo propios de la modernidad. Los saltos “verdes” pueden acabar en resbalones como decía el proverbio Bámbara. Dialoguemos con la sabiduría del territorio para evitar fracturas irreparables, la sustentabilidad exige pasos cautos.


[1] http://esa.un.org/unup/p2k0data.asp

[2] Disponible digitalmente en www.acp-eucourier.info (última consulta en enero de 2011)

 

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