NUBES NEGRAS EN LA PRIMAVERA SIRIA

20 mayo 2013 | Autor:admin

Autor: Diego Represa, @diegorepresa en http://bit.ly/12PrAja

Autor: Diego Represa

La revolución siria contra el régimen de Bashar al-Assad ha cumplido recientemente su segundo aniversario. En 24 meses el país se ha visto arrastrado a una dramática guerra civil que está dejando tras de sí más de 70.000 muertos y medio millón de refugiados y desplazados internos1. Sin embargo, la situación actual no parece dejar entrever un final cercano sino más bien un enquistamiento de las hostilidades que desde luego traerán consecuencias para su futuro inmediato.

¿Revolución o Yihad?

En el contexto de las llamadas “primaveras árabes” que sacudieron Oriente Medio en 2011, Siria no supuso una excepción y su revolución comenzó con una serie de protestas pacíficas que clamaban por nuevas reformas y una apertura democrática del país. Sin embrago, tras el ansia reformista subyace un conflicto de carácter sectario en donde una población mayoritariamente sunní se enfrenta a una élite alauí y otras minorías, precisamente beneficiarias del status quo que otorgaba la laicidad del gobierno del partido Baaz, y que tiene como protagonista un movimiento político y religioso representado por la Hermandad Musulmana, en el exilio y clandestinidad desde 1982 y que ansía derrocar al gobierno para establecer un estado islámico.

Así pues, entre los representantes más característicos de la oposición armada encontramos dos contingentes ideológicamente diferenciados:

El origen del principal grupo se remonta al llamado “Ejército de Oficiales Libres”, una pequeña fuerza compuesta por desertores del ejército sirio que se negaron a reprimir a la población durante los primeros días de las protestas. Con el tiempo, aglutinaron bajo su mando a otros oficiales e instaron a los demás soldados a desertar y formar parte del Ejército Libre Sirio (ELS). Su proclama es sencilla, derrocar a Bashar al-Assad a quien consideran un traidor por ordenar a su ejército abrir fuego contra población civil. Entre sus postulados destaca el mantenimiento de la unidad nacional tras la caída del gobierno, respetando en todo caso la multi-confesionalidad de la que siempre ha hecho gala el país.

Sin embargo, el ELS está lejos de ser un “ejército” al uso. En su mayor parte está nutrido de ciudadanos cuyo único adiestramiento militar se limita al servicio obligatorio de tres años impuesto por el régimen desde hace décadas. Se trata pues de personas, muchas de ellas voluntarias, algunas muy jóvenes y otras muy ancianas, mal equipadas y con una cadena de mando muy frágil, susceptible de romperse si la balanza se termina poniendo en contra. El armamento del que disponen está compuesto por los arsenales hallados tras los golpes de mano efectuados contra cuarteles y comisarías en el transcurso de la insurrección, en su mayoría fusiles de asalto AK-47, lanza-granadas RPG, y ametralladoras de largo calibre 12.7mm, montadas sobre vehículos ligeros pick-up. Carecen pues, salvo alguna excepción, de blindados y carros de combate, así como de manpads o elementos que puedan neutralizar la evidente superioridad aérea del régimen.

Por otro lado, se encuentran las fuerzas yihadistas que escapan a la cadena de mando del ELS pero que, en ocasiones, toman parte en operaciones conjuntas. Son grupos independientes que predican una ideología islámica sunní militante y excluyente. Milicias como Jabhat al-Nusra (El Frente de la Asistencia) o Ahrar al-Sham (Movimiento Islámico de la Gran Siria), son facciones que integran a combatientes experimentados, muchos de ellos extranjeros que han servido como muyahidín en conflictos anteriores como Afganistán, Iraq, Somalia o Libia y que por tanto funcionan con una gran precisión operativa, ya sea realizando asaltos contra posiciones del ejército regular o efectuando atentados contra objetivos políticos tras la propia línea de frente.

Ideológicamente, en cuanto al futuro del país se refiere, estos dos grupos chocan diametralmente. Unos abogan por mantener la multi-confesionalidad; los otros por la instauración de un estado islámico. Sin embargo, hoy por hoy, las facciones yihadistas gozan de un peso y consideración demasiado importantes en las operaciones como para que el Estado Mayor del ELS se permita el lujo de enfrentarse abiertamente a ellas aunque cada vez son más los sirios que comentan que, de derrumbarse el gobierno de al-Assad, habrá luego una nueva guerra entre facciones.

El pasado 11 de noviembre de 2012, en una reunión celebrada en Doha (Qatar) se confirmó el nuevo cargo de Ahmad Mouaz al-Khatib Al-Hasani como líder de la Coalición Nacional de las Fuerzas de Oposición de la Revolución Siria (CNFORS). Este geólogo y profesor, fue el antiguo imam de la mezquita Omeya de Damasco, un activista que ya en tiempos de Hafez al-Assad se mostraba como un duro azote del gobierno Baazista. El cónclave aglutinó a la mayor parte de la oposición, incluido el Consejo Nacional Kurdo y fue reconocida por los más de 80 miembros integrantes del Grupo de Amigos de Siria, entre ellos la Unión Europea en bloque y EE.UU.

Sin embargo, fuera de esta coalición quedaron los grupos más extremistas ya mencionados como Jabhat al-Nusra, el Frente Islámico Sirio y los grupos adscritos a él como Ahrar al-Sham, la Brigada Al-Haqq en Homs, el Movimiento Islámico Al-Fajr en Alepo, Ansar Al-Sham en Latakia, Jaysh Al-Tawhid en Deir el-Zor y la Brigada Abd al-Muttalib en Damasco.2

Las razones de dejar fuera a estos grupos obedecen fundamentalmente a motivos políticos y quizás a presiones externas de sus aliados occidentales quienes consideran a muchos de ellos como organizaciones terroristas y observan con preocupación la creciente radicalización islámica del país. Sin embrago, en una de sus primeras comparecencias, al-Khatib expresó públicamente su petición a los Estados Unidos y la Unión Europea para sacar al Frente al-Nusra y al Frente Islámico de su lista negra.3

Así pues, no parece descabellada la posibilidad de que la guerra despoje a la revolución de sus aires más aperturistas y se enfrasque aun más en la oleada islamista que está sacudiendo las también llamadas “primaveras verdes”4 en alusión al color característico del Islam, bajo el manto de los nuevos gobiernos de la Hermandad Musulmana que pretenden instaurar estados islámicos suníes con estrictas versiones de la sharia.5

Inestabilidad y armas químicas: Una mala combinación

A corto plazo, más allá de la hipotética lucha por el poder que pueda suceder tras la caída del régimen, lo que preocupa a muchos analistas es el inevitable caos producto de la inestabilidad del gobierno.

Actualmente el conflicto se resume en un frente estático de dos contendientes exhaustos que han aprendido de una guerra, fundamentalmente urbana, que tomar la iniciativa supone correr más riesgos. A raíz de las derrotas sufridas en verano, el régimen ya no realiza asaltos de infantería en el interior de las ciudades por miedo a tener más deserciones. En su lugar prefiere continuar hostigando con morteros y artillería y realizando escaramuzas con blindados. Por su parte, la oposición, cansada y con pocas ayudas externas (Qatar y Arabia Saudí), cuenta cada bala que dispara mientras va estrechando el cerco a las principales ciudades como Alepo o Homs, convertidas hoy en escenarios de puntería para los francotiradores de los dos bandos.

Esta presión que inevitablemente ha hecho que el régimen sea incapaz de controlar amplias zonas de su territorio nacional es un factor a tener en cuenta. El gobierno de al-Assad ha reiterado en ocasiones que dispone de un arsenal de armas químicas que estaría dispuesto a utilizar6 como último recurso. Sin embargo, aunque es una amenaza que no se debe tomar a la ligera, parece más razonable entender este gesto como una medida de demostración de fuerza para disuadir a cualquier país de mostrar su apoyo a los grupos opositores. El uso de armas químicas cargadas en misiles Scud o M-600 sobre una oposición dispersa e integrada entre la población civil, no ofrece un blanco fácil y rentable a la vez que la muerte masiva de civiles supondría la condena internacional y la gota que colmaría el vaso, pudiendo desencadenar una intervención internacional.7

No obstante, existe un riesgo todavía mayor. La posibilidad de que, una vez desmoronado el régimen, el arsenal de armas de destrucción masiva caiga en manos de grupos yihadistas; es un hecho que pondría en jaque a toda la región. La capacidad armamentística de Siria supone un inapreciable botín para muchos grupos que hoy combaten al régimen de al-Assad, pero que el día de mañana podrían suponer una amenaza a tener en cuenta para el gobierno de Israel. Por este motivo, y sin esperar a un desenlace en el conflicto sirio, el país hebreo ha tomado parte activa en el conflicto, lanzando ataques unilaterales en varias ocasiones contra objetivos estratégicos. Según apuntan fuentes diplomáticas, se trataría de material antiaéreo destinado a la milicia chií libanesa de Hezbolá. Aunque como de costumbre, Tel Aviv ni confirma ni desmiente este tipo de acciones.8

La conexión alauita

Cualquier pronóstico sobre la resolución del conflicto es hoy por hoy demasiado aventurado. Sin embargo, aunque el curso de los acontecimientos no deje ver un desenlace cercano sí podemos apuntar ciertos finales que podrían llegar a darse. Si el conflicto llega, como es previsible en los próximos meses, hasta la capital damascena, cabe considerar la situación en la que el gobierno ponga rumbo a una región segura del país y se refugie en el último bastión donde la población todavía le guarde lealtad. Este lugar sería la ciudad de Latakia, una región próspera a orillas del Mediterráneo entre Turquía y el norte del Líbano, de mayoría alauita y cuna de la familia al-Assad.

Desde que ocupan el poder desde el golpe de estado de 1970, los al-Assad han patrocinado, desde la laicidad del partido Baaz y el respeto a la multi-confesionalidad, el ascenso de minorías a cargos políticos y militares importantes. Y como era de esperar, los grades beneficiarios de esta política fueron los alauitas o nusayirís, una rama de del Islam que comparte características con el chiismo y que representa en torno al 10% de la población siria.

Ante el previsible colapso del régimen que les ha apoyado, la población alauita teme las represalias de un país cargado de dolor y de odio de una población sunní cada vez más islamista que, de colocarse en el poder, no sólo acabaría con su hegemonía sino que según dicen, podría amenazar su propia integridad física. La creación de una milicia progubernamental, conocida como la shabbiha, ha involucrado directamente a la población alauita en el conflicto. Si bien algunos de sus miembros profesan otros credos, la población civil siria identifica claramente a estos grupos como los “matones del régimen”, creados ex profeso para cometer los actos más atroces sin manchar la imagen del ejército nacional sirio como en los sonados casos de masacres en al-Qubair y Houla.9

Si finalmente se produce esta retirada alauita, parece razonable pensar que al-Assad utilice este último bastión para negociar a la desesperada desde su última posición de fuerza, bien para pactar una salida del país o bien para un proyecto mucho más ambicioso: la creación de un mini-estado alauita en toda la región costera10 que albergaría a las familias dirigentes del gobierno y los altos cargos militares. De este modo se volvería a la situación anterior a la colonización francesa de 1936 dejando al país dividido según los dos credos mayoritarios. Una situación que para muchos sirios supondría el fin de su propia identidad nacional, en especial para los cristianos ortodoxos, drusos y otras minorías religiosas que no parecen esperar un futuro nada halagüeño si son relegados a vivir bajo un predecible gobierno islamista.

1United Nations High Commissioner for Refugees . “Syria Regional Plan January-June 2013”. [en línea] <http://www.unhcr.org/cgi-bin/texis/vtx/home/opendocPDFViewer.html?docid=50d192fd9&query=syria>

2 The Middle East Media Research Institute. “Islamic Forces In Syria Announce Establishment Of Joint Front Aimed At Toppling Assad, Founding Islamic State; Syrian Website Urges Them To Incorporate All Islamic Forces In Country” [en línea] <http://www.memri.org/report/en/0/0/0/0/0/0/6893.htm>

3 NAKHOUL, Samia / YACOUB, Khaled. En REUTERS. “Syrian opposition urges review of al-Nusra blacklisting”, 12/12/12, [en línea] <http://www.reuters.com/article/2012/12/12/syria-crisis-alkhatib-idUSL5E8NC7Z320121212>

4 SAPAG MUÑOZ, Pablo. “Siria o la larga resistencia a la primavera verde”. 26/08/12, [en línea] <http://www.elmostrador.cl/opinion/2012/08/26/siria-o-la-larga-resistencia-a-la-primavera-verde/>

5 The Muslim Brotherhood´s Official English web site. “Muslim Brotherhood Statement Denouncing UN Women Declaration for Violating Sharia Principles”, [en línea] <http://www.ikhwanweb.com/article.php?id=30731>

6 COHEN, Gili. En Haaretz. “Assad preparing to use chemical arms, says Israel’s Military Intel chief”. 14/03/2013, [en línea] <http://www.haaretz.com/news/diplomacy-defense/assad-preparing-to-use-chemical-arms-says-israel-s-military-intel-chief.premium-1.509364>

7 NUÑEZ VILLAVERDE, Jesús. “El círculo se cierra en torno a El Asad” en IECAH, Instituto de Estudios sobre Conflictos y Ayuda Humanitaria, 18/12/12, [en línea] <http://www.iecah.org/web/index.php?option=com_content&view=article&id=2145:el-circulo-se-cierra-en-torno-a-el-asad&catid=15:articulos&Itemid=9>

8 GARRALDA, Ana. “Siria amenaza con tomar represalias contra Israel por el bombardeo aéreo.” En ELPAÍS, 31/01/13, [en línea] <http://internacional.elpais.com/internacional/2013/01/29/actualidad/1359474844_347806.html>

9 BBC News Middle East. “Syria crisis: Most Houla victims were executed”, 29/05/2012, , [en línea] http://www.bbc.co.uk/news/world-middle-east-18249413

10 BONET, Ethel. “La retirada de los alauíes”, Lataquía/Beirut. Para Mediterráneo Sur, 10/2012, [en línea] <http://www.mediterraneosur.es/prensa/sir_retiradaalaui.html>

 

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