HAITÍ EN EL PUNTO DE MIRA DE LOS MEDIOS: QUÉ SE HIZO MAL Y CÓMO HACER UNA MEJOR INFORMACIÓN

03 junio 2013 | Autor:admin

Haití

Tet Kale, Autor: Nacho Fradejas García en http://bit.ly/162bOHW

 

 

Autora: Nereida López Torres

 Nada más y nada menos que tres años han pasado ya desde el terremoto que asoló Haití el 12 de enero de 2010. Tres años desde 7,2 grados en la escala Richter sacudieran la parte oeste de la isla compartida con República Dominicana. Según datos de Cruz Roja, el terremoto destruyó 105.000 hogares, provocó que más de un millón de personas se convirtieran en desplazados y causó cerca de 7,8 billones de pérdidas económicas.

Y también hace tres años que se realizó una de las coberturas más vergonzosas y desastrosas por parte de los medios de comunicación de una emergencia humanitaria que conmocionó al mundo entero, por su intensidad y por su gran ataque a la extrema vulnerabilidad que llevaba el país viviendo desde hace gran cantidad de años.

Haití, durante un mes, fue un país colonizado por medios de comunicación y por organizaciones no gubernamentales. Unos con muy buenas intenciones, otros, seguramente las llevaron, pero se les cayeron al suelo en cuanto bajaron del avión y formaron ese cuello de botella del que casi era imposible tanto entrar, como salir.

Y tras estos tres años desde aquel desastre, Haití ha salido principalmente en los medios de comunicación 2 veces más. Los dos diez de enero siguientes al terremoto. Cabe preguntarnos dónde quedó esa preocupación que a tantos medios no dejó descansar ni de día ni de noche para cubrir de manera, podríamos calificar de “imprudente”, aquel suceso.

Muchas cosas han sucedido en Haití desde aquel 10 de enero de 2010, y apenas se han hecho eco. Quizá porque los hechos no eran tan fotografiables, impactantes al ojo humano o porque, tras el desastre informativo que se llevó a cabo, prefieren dejarlo en la recámara, no vaya a ser que vuelvan a caer en los mismos errores que incurrieron hace tres años.

Y muchas ocurrieron antes de este suceso, las cuales tampoco generaron un interés mediático destacado. Quizá es hora de plantearse que Haití, ese pequeño país que ocupa una superficie de casi 28.000 km cuadrados, tiene derecho a ser protagonista en las secciones de internacional de muchos medios de comunicación. Desde 1986, Haití intentó por todas las maneras, alcanzar ciertos niveles de democracia que se vieron constantemente truncados por diversos hechos que fueron impidiendo que saliera a flote. Casi 30 años bajo el yugo de los dos regímenes dictatoriales de la familia Duvalier hicieron que la población haitiana viviera bajo unos niveles de desigualdad constantes frente a las élites que movían capitales a su antojo y jugaban con la vida de sus nacionales. Su régimen se caracterizó por las detenciones arbitrarias en relación a causas políticas, los cuales fueron recluidos y sometidos a maltratos o a ejecuciones extrajudiciales. La libertad de expresión brillaba por su ausencia durante los quince años de gobierno de Baby Doc, cantidad de medios de comunicación fueron censurados y sus periodistas corrieron una suerte similar a la de los presos políticos.

Esta represión constante que vivió la población fue perpetrada en su mayor parte por los Tonton Macoutes, definidos por Sonia Alda Mejías, investigadora del Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado como “una milicia popular en origen que fue empleada como instrumento del Presidente para reprimir la disidencia”.

Con la llegada al poder de Jean Bertrand Aristide, el pueblo haitiano creyó ver la luz, pero tampoco. Aristide se enfrentó a uno de los retos más importantes de su vida, que era dotar al país de unas verdaderas estructuras estatales que devolvieran la confianza a la población. Pero el ex religioso no consiguió llevar a cabo su proyecto político en el país. Varios golpes de Estado se sucedieron hasta la llegada al gobierno de Reneé Preval, presidente del país en el momento en el que el terremoto sacudió a la isla.

Según los datos publicados en el último anuario del PNUD que ha salido a la luz en este año, Haití se encuentra dentro del grupo de países de desarrollo humano bajo, ocupando el puesto 161 de los 186. En 2009, Haití se situaba dentro del grupo de países de categoría anterior, los denominados países de desarrollo humano medio. De igual manera, llama la atención el número de muertes relacionadas con el cólera que documenta el informe en relación. Durante el periodo 2005-2010, el PNUD documenta 3990 fallecimientos a causa del cólera,  seguido muy de lejos por Sudán, con más de mil casos.

Por tanto, quizá sí que debería interesarnos qué es lo que pasa en este país de las Antillas. Y no referirnos únicamente a él cuando de emergencias humanitarias se trata. Novedades a distintos niveles se han sucedido en estos últimos tres años que son dignas de destacar.

Empezando a nivel político, año y medio después Haití elegía a su nuevo presidente tras un periodo electoral un tanto convulso, en el que la OEA tuvo que dar un puñetazo en la mesa ante el flagrante fraude que se estaba cometiendo en los comicios. Las urnas determinaron que Michel Martelly era el designado por el pueblo, pero las noticias principales que tuvimos sobre el nuevo presidente haitiano fueron que era un músico muy conocido en el país. Sobre el nuevo dirigente poco sabemos aparte de las visitas oficiales que ha realizado a algunos países o los discursos promulgados en los últimos aniversarios del terremoto. Por tanto, sería interesante conocer si la población sigue brindando su apoyo incondicional a este presidente, que fue empujado por la mayoría de las clases populares a hacerse cargo del país tras, la ineficacia o “cuando algo te sobrepasa” de Preval o si, por el contrario, estamos ante un gobierno de tradición continuista apoyado por las oligarquías. “Su equipo no son gente de cambio, son más cercanos a la dictadura Duvalierista” tal y como opina François Kawas, director del Observatorio de Políticas Públicas y de la Cooperación Internacional en Haití en una entrevista concedida al periódico Diagonal.

Por otro lado, a principios de marzo, veíamos como el ex presidente Jean Claude Duvalier, también conocido como Baby Doc, comparecía ante el Tribunal de apelaciones haitiano bajo la acusación de  haber perpetrado crímenes de lesa humanidad y desvío de fondos durante los quince años que presidió el país. Duvalier ya había intentado evadirse varias veces de la justicia haitiana, que ya le había llamado a declarar en tres ocasiones desde su vuelta inesperada al país después de los 25 años que pasó en Francia tras huir de Haití después de ser derrocado por las revueltas populares.  La organización Human Right Watch (HRW) estima que durante el régimen de Duvalier, entre 20.000 y 30.000 personas fueron asesinadas.

Respecto a las relaciones bilaterales, Haití y República Dominicana han tenido serios conflictos diplomáticos desde 2007 a raíz de una directiva de la Junta Central Electoral, en relación a la expedición de documentos de identidad a dominicanos de ascendencia haitiana. Y tras la renovación de la Constitución dominicana en 2010, se amplió la negativa a otorgar la nacionalidad a los hijos de aquellas personas que estuvieran residiendo ilegalmente en el país. De esta situación se hizo eco Amnistía Internacional hace dos años e instó al gobierno de República Dominicana a solucionar esta desagradable situación. A ello, hay que sumar las repetidas expulsiones colectivas que lleva a cabo el gobierno dominicano de migrantes haitianos a pesar de la solicitud del ACNUR de que estas expulsiones se suspendieran por razones humanitarias.

Por su parte, el gobierno de Ecuador también lanzó un aviso a los ciudadanos haitianos. Mediante un comunicado lanzado a principios de marzo, se informaba que a partir del 1 de abril, todo haitiano que quisiera entrar en el país, necesitaría una carta de invitación que proviniese de algún ciudadano ecuatoriano, suscrita ante notario, en la que el residente se comprometiera a hacerse cargo de los gastos de alimentación, alojamiento y los posibles gastos médicos que su visita haitiana pudiera acarrear. A su vez, el firmante del documento debía acreditar su solvencia económica, teniendo un mínimo de 1000 dólares de ingresos mensuales. Finalmente, un día antes de su entrada en vigor, el gobierno ecuatoriano decidió no aplicarla ya que “todavía haría falta llegar a algunos acuerdos con el régimen de la nación caribeña para la introducción de este requerimiento”, según publica el periódico ecuatoriano La Hora.

Por otro lado, el cólera sigue siendo un problema crucial en el país. Se están realizando grandes proyectos de agua y saneamiento para conseguir cortar de raíz esta enfermedad que está diezmando a la población desde que volviera a aparecer en el país meses después del terremoto. De hecho, el 27 de febrero de este año, la OPS/OMS instó a la comunidad internacional a financiar el plan presentado por el gobierno haitiano en agua y saneamiento para conseguir atajar la enfermedad. El huracán Sandy fue otra emergencia humanitaria que quizá debió ser más destacada, sobretodo en comparación con la cobertura que se realizó cuando la tormenta llegó a Estados Unidos. Ni que decir tiene que los niveles de destrucción en ambos países están en las antípodas de la comparación. En Haití, dejó cerca de 50 muertos y anegó gran parte de los cultivos de la población. El primer ministro Laurent Lamothe declaraba que los cultivos que no se llevó por delante el huracán Isaac, que afectó a la isla en verano del pasado año, “han quedado destruidos por Sandy”.

A nivel social, resulta muy importante el empuje que está dando la población a la reconstrucción del país, dando así visibilidad a esa realidad que pocas veces hemos visto reflejada en los medios de comunicación. La realidad de que el pueblo haitiano no es un pueblo pasivo, sin miras de futuro y que lo único que espera es la ayuda internacional. El vivo ejemplo de esta actitud está en un pequeño artículo publicado en la página web  del PNUD en el que se destaca la creación por parte de mujeres haitianas de pequeñas empresas. Y ese es solamente un ejemplo de los muchos que hay.

Desde España tampoco nos quedamos cortos. Puesto que últimamente, estamos siendo conocidos a nivel internacional por nuestros casos de corrupción, era de esperar que tuviéramos alguno relacionado con el ámbito de la Cooperación. Y casualmente, parte de la corruptela está directamente ligada con Haití. En la Comunidad Valenciana saltó la liebre con el caso del “Escándalo de la Cooperación”. Rafael Blasco, principal imputado de la trama, era Consejero de Solidaridad Ciudadana en la Comunidad Valenciana. El Tribunal Superior de Justicia la Comunitat Valenciana acusa a la trama de haberse apropiado de cerca de seis millones de euros de fondos concedidos para la ayuda a países en desarrollo. Todo se orquestó bajo la Fundación Cyes y un entramado de empresas que desviaban el dinero de los fondos de cooperación a cuentas privadas. Haití está inmersa de manera directa en esta trama de corrupción, ya que, a petición de la Consejería de Solidaridad Ciudadana, se propuso a Cruz Roja participar en un proyecto consistente en la creación de un hospital. El exconsejero, Rafael Blasco, pensaba otorgar más de cuatro millones de euros para el proyecto, cuando, según la investigación llevada a cabo por la juez, la realidad era otra: apropiarse de los fondos del proyecto. Cruz Roja no aceptó la oferta ya que consideraban que no se ajustaba al tipo de proyectos en los que la organización suele participar. Sobra decir que el asunto no alcanza a aparecer en páginas de interés nacional, sino en las secciones dedicadas a las Comunidades Autónomas, perdiendo por lo tanto importancia e impacto mediático.

Por ello, tras estas breves pinceladas, cabe preguntarse, ¿cuánta información hemos recibido sobre estos sucesos? Quizá habría sido adecuado haberle dedicado tanto ímpetu a este tipo de noticias como el que se dedicó a buscar la foto más impactante del terremoto o el testimonio más desgarrador y lacrimógeno.

Si se hubiera dedicado tanto empeño a cubrir periodísticamente estas situaciones, probablemente se habría presionado más a la Comunidad Internacional para que desembolsase con más celeridad las partidas de dinero prometidas.

Dicha presión hubiera valido para que el gobierno haitiano ejerciera verdaderos actos de transparencia sobre los proyectos llevados a cabo.

Es necesario a futuro que se tenga en cuenta a las ONG y a los Organismos Internacionales, como los que llevan trabajando en Haití desde antes del terremoto, como fuente seria y necesaria para los medios de comunicación. Sin su punto de vista, las informaciones al respecto quedan incompletas y, probablemente, más sesgadas.

Y todo esto, hubiera sido la mejor manera de escuchar a los ciudadanos haitianos, que llevan años dejándose la piel para construir (y tras 2010, reconstruir), ese país que con tanta insistencia, se recordó que era el país más pobre de América.

www.pdf24.org    Enviar artculo en formato PDF   


Deja tu comentario

Advertise Here