LA TRIPLE FRONTERA COMO PUNTO ESTRATÉGICO DE AMÉRICA LATINA

04 febrero 2014 | Autor:admin

Triple Frontera

Autora: Nereida López

La Triple Frontera que crea la unión entre Argentina, Paraguay y Brasil volvió a estar en boca de todos de mano de las elecciones que tuvieron lugar en Paraguay el 21 de abril de 2013. Esta frontera, repleta de polémicas, tiene unas características que la hacen ser un lugar especial en el globo, supone un enclave de gran interés tanto para los 3 países que confluyen en ella como para el exterior. Cabe hacerse dos preguntas claves al abordar en este instante la región: ¿Qué hace a esta frontera un lugar tan característico con tanto interés? ¿Por qué vuelve a estar en boca de todos tras relativos años de calma?

El 21 de abril de 2013, se celebraron los últimos comicios en Paraguay para elegir al nuevo mandatario tras la destitución que sufrió el anterior presidente electo, Fernando Lugo. La polémica se cernió sobre ellas desde la presentación de los candidatos a las elecciones. Los aspirantes de los dos partidos mayoritarios paraguayos, el Partido Colorado con Horacio Cartes a la cabeza y Efraín Alegre por parte del Partido Liberal, comenzaron una tanda de denuncias hacia su contrario. Y fue Horacio Cartes el que recibió una serie de acusaciones que le relacionaban de manera directa con actividades ilegales que tienen lugar en la región de la Triple Frontera. Denuncias provenientes desde la DEA sobre la presunta relación de Cartes con el lavado de dinero en la zona de unión de los tres países y también fue acusado de narcotráfico al localizar en Brasil una avioneta de su propiedad con 20 mil kilos de cocaína junto a otros tantos de marihuana prensada.
Por tanto, vemos que en la región de la Triple Frontera se producen una serie de situaciones que se escapan de la normalidad, llegando a afectar hasta al propio presidente de uno de los países limítrofes. Pero no solamente debemos hablar de narcotráfico, sino de una serie de actividades que abarcan desde la trata de personas hasta el monocultivo de soja transgénica. Por ello, la región debe ser analizada desde todos los prismas posibles para intentar comprender qué sucede ahí, cómo debe tratarse y qué alternativas existen para que la población de la zona pueda vivir de una manera más tranquila, sin estar sufriendo constantemente ataques sistemáticos que les estigmaticen, y a su vez, para poder solucionar, en la medida de lo posible, todos aquellos conflictos que hacen que la zona no sea todo lo idílica que cabe pensar ante semejante paisaje.

¿Qué es la Triple Frontera?
Para entender esta región, primero debemos situarla físicamente. Hablamos de una zona de unos 2.500 km² de extensión que se encuentra enmarcada por dos ríos: el río Paraná y el Iguaçú. A su vez, las tres ciudades que generan los principales intercambios tanto económicos como sociales son Ciudad del Este por parte de Paraguay, siendo el principal centro económico de la zona, Foz do Iguaçú por parte de Brasil y, en tercer lugar, y de menor importancia por encontrarse más alejada, Puerto Iguazú, perteneciente a Argentina. Las 3 ciudades se encuentran comunicadas por dos puentes, siendo el Puente de la Amistad el de mayor tráfico, y que une Foz do Iguaçú con Ciudad del Este y, en segundo lugar, el Puente Tancredo Neves, que comunica la ciudad brasileña con Puerto Iguazú. Ésta última y el centro económico paraguayo no se encuentran unidos.
Hablamos de una población superior al medio millón de personas entre las tres ciudades según los censos más recientes de los tres países.
Pero quizá, su principal característica y, probablemente, la que más dolores de cabeza ha traído a la población, es el crisol de nacionalidades que viven en la zona. Aparte de las tres evidentes, nos encontramos con población que proviene de Líbano, Siria, Palestina, China…siendo la comunidad árabe la que mayor número de personas aporta. Población que migró a la región en la década de los 70 buscando un futuro mejor o huyendo de los conflictos en sus países.

¿Cuándo saltó a los medios de comunicación? Comunidades árabes en la Triple Frontera
La Triple Frontera fue, en su momento, un lugar característico. El investigador Fernando Rabossi considera que, para el neoliberalismo que campaba a principio de los años 90 en el continente, podría decirse que, “En la agenda del libre-mercado, la frontera entre Paraguay y Brasil era, en el inicio de los años 90, un punto en la vanguardia del mercado libre y competitivo”.
Pero esta buena opinión, sobre todo vertida por los vecinos del norte, pronto desapareció a tenor de dos atentados que tuvieron lugar en Buenos Aires en 1992 y 1994. Ambos fueron enfocados hacia intereses israelíes, produciéndose el primero contra la Embajada de Israel en la capital argentina, al igual que el segundo, dirigido a la Asociación Mutual Israelita Argentina. Estos dos sucesos provocaron que la opinión sobre la región de la Triple Frontera diera un giro radical y se pusiera el foco de atención en la zona ante la presencia de comunidades árabes. Desde ese momento, las acusaciones de presencia terrorista en la zona no cesaron, aumentando hasta límites insospechados tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 al World Trade Center.
Desde ese momento, la región fue objetivo de todo tipo de calumnias, ya que a día de hoy, ningún informe ha podido demostrar la existencia de células dormidas terroristas en la zona. Pero eso no importó a la hora de dirigir infundios hacia la zona y, por ende, a la población fronteriza. El atentado a las Torres Gemelas dio pie a que Estados Unidos empezase a querer influir en esta frontera, encontrando una oportunidad formidable para “aleccionar” a sus vecinos del sur sobre las tácticas que tenían que llevar a cabo para controlar esta supuesta presencia terrorista. Para ello, los 3 países, junto con Estados Unidos, pusieron en marcha el Pacto 3+1, con el objetivo de “estrechar el cerco investigativo sobre el supuesto sustento financiero a lo que Estados Unidos considera actividades terroristas”. De hecho, Wikileaks desveló que en uno de los tantos informes que salieron a la luz del FBI, fechado en 2010, que ya el hegemón americano consideraba que era vital tener presencia en la zona.

Grandes cosas con gran importancia
La Triple Frontera sufre otra serie de problemas que no provienen de acusaciones externas dirigidas a su población, sino que nacen de las propias dinámicas de los tres países, los cuáles, no han conseguido realizar una verdadera cooperación para lograr una verdadera estabilidad en la región. La toma de decisiones desde los centros de poder situados en las capitales de los tres Estados han hecho que la región haya sido tratada como tres piezas de puzzle separadas y no como una verdadera región, que se siente más identificada con sus pares fronterizos que con sus propios connacionales. El problema del acceso a la tierra en Paraguay, unido a las plantaciones de soja, el cuidado del Acuífero Guaraní junto con el vecino Uruguay, las actividades ilegales que se llevan a cabo en la zona y la manera de prevenirlas, no han hecho más que empeorar, llegando a una situación que se puede calificar de problemática.

a) El Acuífero Guaraní y el monocultivo sojero:
La importancia que reside en la existencia del Acuífero Guaraní en la región de la Triple Frontera viene revestida de varios factores. Resalta la importancia de éste como recurso ambiental común entre los tres países, de gran valor y como punto de unión principal a la hora de realizar políticas comunes de control. En consonancia con este factor, cabe destacar un segundo, relacionado con las plantaciones de soja y demás cultivos transgénicos que se encuentran principalmente en Brasil y Paraguay y que revisten un grave problema para la calidad del agua del acuífero. Teniendo en cuenta la importancia del agua en el mundo actual, este recurso estratégico puede generar diversos conflictos por su control, esgrimiendo todo tipo de excusas para poder ejercer dominio sobre él. Cerca del 71% de la extensión del Acuífero se encuentra bajo suelo brasileño, seguido del 19% que le toca a Argentina y, ya más de lejos, un 6% a Paraguay. Pero este pequeño porcentaje paraguayo quizá es de los más importantes, ya que es en este Estado en el que se encuentra la zona de recarga del Acuífero.
Las plantaciones de soja se han centrado, principalmente, en la frontera brasileño-paraguaya, (en Argentina, se centra en la zona perteneciente a la provincia de Misiones) generando unos grados de deforestación muy altos. De hecho, la posibilidad de la contaminación del Sistema Acuífero Guaraní a cuenta de la soja es algo que se encuentra en la mente de varios investigadores de la zona, en relación al uso de agroquímicos.
A pesar de los problemas que traen consigo estas plantaciones, Paraguay depende en gran medida de la exportación de estos cultivos, ya que afecta directamente a su PIB. En 2012, Paraguay exportó en total casi 3 millones de toneladas de soja. Según la Cámara Paraguaya de Exportadores y comercializadores de cereales y oleaginosas, el 47% de esas toneladas, tuvieron como destino la Unión Europea.
Pero el problema de la soja ya no solo supone un quebradero de cabeza a nivel medioambiental, sino también a nivel poblacional. La mayor parte de estos cultivos son propiedad de brasileños, los llamados “brasiguayos”, que fueron comprando tierras fronterizas y retirando así a los campesinos paraguayos de la zona. Y no solo se limita al tema económico por ver como sus tierras ya no les pertenecen, sino que el tema de la salud de la población también se ha resentido de gran manera a causa de las fumigaciones que se aplican a estos campos sojeros. Las plantaciones extensivas de soja son un fenómeno que se encuentra en todos los países del MERCOSUR, y supone una preocupación extendida en la población. El director del Centro Latinoamericano de Ecología Social de Uruguay, Eduardo Gudynas, publicaba que en las consultas nacionales que se habían realizado en los últimos años, los representantes de todos los países del MERCOSUR mostraban su preocupación ante la expansión de los monocultivos, o sea, “la pérdida de diversidad de las estrategias productivas y su reemplazo por monocultivos”.
Como vemos, la expansión de los cultivos sojeros abarca diversas problemáticas. Por un lado, estas extensiones de terreno eran anteriormente aprovechadas para la agricultura de subsistencia, o, en su defecto, para productos típicos de la zona. Por ello, este nuevo uso de la tierra genera un problema de abastecimiento de alimentos a gran escala. Además, muestra como la crisis del petróleo y el afán por lograr otro recurso sustitutivo consigue que zonas ricas en recursos naturales y tierras fértiles, terminen siendo arrasadas para poder cultivar este tipo de productos.
A su vez, grandes zonas boscosas en las cuales vivían las poblaciones guaraníes de la zona, han sido totalmente arrasadas, dejando a estas personas sin hogar y, además, dejando al descubierto tierras que, con la ausencia de los árboles, son mucho más vulnerables a ser contaminadas y, por ende, esta contaminación puede llegar a las profundidades del Acuífero.
Pese a que en la legislación paraguaya existe una ley referente a la prohibición de deforestación, esta sigue produciéndose. Organizaciones como WWF denunciaron hace pocos meses que se había detectado la deforestación de 1.764 hectáreas de terreno en la zona de Canindeyú.
Este boom de la soja en la zona este de Paraguay se debe, principalmente, en palabras del investigador Pablo Dreyfuss a “la expansión y agotamiento de la frontera agrícola en Brasil, principalmente en el vecino estado de Paraná. Este fenómeno ha dado lugar a la colonización del este de Paraguay, principalmente el área del departamento del Alto Paraná por colonos brasileños que no han sido asimilados (ni sus hijos) como ciudadanos paraguayos”. Dos son las empresas principales de las plantaciones sojeras, Cargill y ADM, ambas, transnacionales extranjeras.
Pero cabe plantearse cuáles son las razones que han llevado a ese “movimiento de frontera agrícola” respecto a Brasil y Paraguay. Los paraguayos destacan la pobreza como el factor principal que ha traído como consecuencia la sojización de la zona. Ante el bajo nivel económico de los campesinos, muchos se vieron obligados a vender sus tierras. Por tanto, lo ven en realidad como un problema que el propio país no ha sabido solucionar.

b) Actividades ilegales y actuaciones estatales.
Desde el punto de vista económico, en la Triple Frontera se producen una serie de actividades enmarcadas en la ilegalidad que generan inseguridad y preocupación tanto a los Estados como a la población que allí vive. El narcotráfico, el tráfico de armas o la trata de personas empezaron a surgir en la zona como consecuencia de la persecución que se hacía a todo comercio que no estuviera dentro de los cánones establecidos.
No vamos a entrar a describir cómo tienen lugar esta serie de actividades en la zona, sino qué han hecho los gobiernos de los tres países para intentar remediarlo. Y desgraciadamente, vemos que las medidas adoptadas no han sido ni de lejos las más beneficiosas para la población que sí se gana la vida de manera legal. A su vez, estas actuaciones han sido muy concretas, coincidiendo con acontecimientos que sí que podrían manchar la reputación de alguno de los países si algo pasase. El caso más reciente lo encontramos de mano del gobierno de Dilma Roussef, poniendo en marcha el operativo “Ágata VII”, el cuál se enmarcó en dos momentos importantes para Brasil durante el verano de 2013: La Copa Confederaciones y las Jornadas Mundiales de la Juventud con la visita del Papa Francisco.
Dicha operación consistió en una movilización militar enmarcada dentro del Plan Estratégico de Fronteras con el objetivo de “prevenir y reprimir la acción de criminales en las fronteras brasileñas, especialmente el ingreso de drogas y armas”. El operativo supuso el desplazamiento de 25.000 militares a la frontera y, como no, las reacciones por parte de los habitantes de la zona. El despliegue militar trajo consigo una disminución bastante elevada del comercio en Ciudad del Este. El presidente de la Federación de Cámaras de Comercio, (Fedecámaras), declaró a un diario de la zona que a quien perjudica el despliegue militar es al comercio formal y no a aquellos que trafican y comercian al margen de la ley. En consecuencia, en los primeros días de la operación, el movimiento de personas y de vehículos se redujo un 50% en Foz do Iguaçú, lo cual afectó de manera directa a Ciudad del Este, generando un fuerte impacto negativo en el comercio de la ciudad paraguaya. Ya en abril de 2013, la Cámara de Comercio de Ciudad del Este publicaba que no estaba pasando por su mejor momento económico y que 2012 había sido un verdadero fracaso, por lo que el operativo puesto en marcha por el gobierno de Dilma Rouseff ha sido la gota que ha colmado el vaso para la economía fronteriza.

Por tanto, podemos ver como los problemas que tienen lugar en la Triple Frontera no se pueden reducir, tal y como se intentó desde un principio desde actores externos a la región, a la posibilidad de presencia terrorista ni a la relación directa que realizan los gobiernos con las actividades ilegales. Para ello, debemos destacar que la cooperación entre los tres países es de vital importancia para que la región alcance los niveles, tanto sociales como económicos, a los que podría llegar si no se les pusiera trabas de manera constante ni se les tratase como delincuentes cada vez que en sus países tienen lugar acontecimientos de renombre.
Pero, ¿cómo se puede plantear la cooperación ahora mismo entre los tres países cuando el presidente de uno de ellos, Horacio Cartes, está implicado de manera directa con actividades ilícitas en la frontera? Quizá a la Triple Frontera aún le queda un largo camino por recorrer, para nada fácil, pero durante el cuál deberán dejar claro que sin un verdadero trabajo común en la región, considerando a esta como un conjunto y no como tres partes independientes, no se conseguirá nada.

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