Economía y geopolítica en Asia oriental

14 abril 2011 | Autor:admin2

Tres grandes fuerzas continuarán impulsando la dinámica de cambio en Asia oriental durante los próximos años. La interdependencia económica, en primer lugar, dará forma a una estructura regional que consolidará al continente asiático como nuevo centro global de poder. En segundo lugar, la modificación de la estructura de poder regional—que impulsa sobre todo el auge de China—dará paso a un nuevo equilibrio entre las potencias emergentes, transformando el actual juego de relaciones bilaterales así como el contexto de los problemas tradicionales de seguridad en Asia. Por último, la globalización y la prioridad del crecimiento sujeta a los países asiáticos a un proceso acelerado de cambio interno, origen a su vez de divisiones sociales y tensiones políticas que pueden desembocar en nuevos conflictos.

Regionalismo económico versus globalización

El regionalismo económico—institucionalizado a través de Asean+3 (el proceso que une a los 10 miembros de la Asociación de Naciones del Sureste Asiático con China, Japón y Corea del Sur) y de la Cumbre de Asia Oriental (en la que participan los 13 países mencionados más India, Nueva Zelanda y Australia)—es la respuesta asiática al mundo de la globalización y, al mismo tiempo, el resultado natural de las estrategias de crecimiento compartidas por la práctica totalidad de los gobiernos de la región. El interés nacional y las fuerzas económicas están dando así coherencia al enorme y heterogéneo espacio asiático, mediante un proceso regionalista a través del cual se persigue otro objetivo común: participar sobre bases iguales con europeos y norteamericanos en la definición de las reglas globales. La manera en que Estados Unidos y la Unión Europea reaccionen a la emergencia de China e India, en particular, bien facilitando su integración en el actual orden internacional, bien resistiéndose a perder su poder, será uno de los elementos definitorios de la estabilidad global de los próximos años. Si se sienten rechazadas, las potencias emergentes intentarán crear su propio sistema internacional.

Auge de China

Plataforma 2015 y más

Por lo que se refiere a la nueva distribución de poder regional, los países asiáticos prestan hoy especial atención a la influencia adquirida por China como consecuencia de su crecimiento económico, su modernización militar y su activismo diplomático. La suma de estos elementos está transformando la arquitectura geopolítica de la región y provocando la incertidumbre tanto de Estados Unidos como de los países vecinos. Todos ellos han comenzado a responder a este nuevo poder chino.

La forma política del siglo XXI dependerá en gran medida de cómo evolucione la relación entre Estados Unidos y China. Su interdependencia económica y competencia estratégica ha llevado a ambos gobiernos a crear nuevas estructuras dirigidas a minimizar las tensiones y facilitar la estabilidad. Pero el interrogante a medio plazo es si Estados Unidos estará dispuesto a renunciar a su primacía y tratar a China como un igual, y si Pekín—sobre cuyas intenciones finales sigue habiendo dudas—mantendrá su estrategia de “auge pacífico”. La política de ambos dependerá en gran medida de sus respectivas agendas políticas internas. Una administración demócrata en la Casa Blanca será previsiblemente más “dura” con Pekín en la esfera económica y comercial, mientras que la evolución del nacionalismo en China o posibles sobresaltos en la sociedad y la economía pueden provocar asimismo un giro en la política exterior del gigante asiático.

Reacción japonesa

En el caso de Japón, el peso creciente de China supone un desafío a su liderazgo económico, al tiempo que estimula su proceso de “normalización” militar. La interdependencia económica entre ambos aumentará y es patente el deseo de los dos gobiernos de mantener una relación estable. Pero la desconfianza derivada de la historia y la rivalidad diplomática en el contexto de formación de un nuevo orden regional seguirán presentes. Incierta es asimismo la redefinición de la identidad exterior de Corea del Sur: aunque aliado de Estados Unidos, su percepción del problema norcoreano difiere de la de Washington, a la vez que su futuro económico le acerca cada vez más a Pekín. Los países miembros de la Asean (Asociación de Naciones del Sureste Asiático) persiguen por su parte una estrategia de integración de sus economías con la de China, mientras refuerzan simultáneamente su relación con Estados Unidos y con la India como elementos de equilibrio. Ésta, por último, también aspirante a gran potencia regional y global, desarrolla su influencia en Asia mediante la construcción de una relación estratégica tanto con Washington como con Pekín.

El auge de China, los cambios en la política de seguridad japonesa, la encrucijada coreana y la nueva diplomacia india son las más importantes de las fuerzas que están modificando un orden dominado durante medio siglo por Estados Unidos. Las alianzas y relaciones bilaterales de Washington formaron un sistema que proporcionó estabilidad y seguridad a la región, además de facilitar su desarrollo económico. Esa arquitectura, propia de la guerra fría, se ha visto superada por los nuevos tiempos sin que exista aún una estructura multilateral que pueda sustituirla. Su formación, aunque necesaria para desarrollar mecanismos de diálogo y prevenir conflictos, no será fácil dada la tensión existente entre el objetivo norteamericano de mantener su preeminencia y la ambición china de liderar un proceso panasiático. Esa competencia entre Estados Unidos y China se ha convertido en el principal motor del cambio estratégico en la región.

Ello no ha sido obstáculo, sin embargo, para la estrecha cooperación de ambos en la gestión de la crisis nuclear norcoreana, aparentemente cerca de una solución. En cuanto al mayor obstáculo en las relaciones entre Estados Unidos y China, Taiwan, también se ha producido un giro hacia un escenario de estabilidad después de la reciente recuperación del poder por parte del Kuomintang. Sin perder de vista estos dos conflictos tradicionales, habrá que prestar atención a nuevos problemas, como los que pueden afectar a la relación China-India (Tibet, Birmania o la proyección marítima de ambas en el Océano Índico) o la competencia entre las potencias de la región por al acceso a los recursos energéticos y materias primas.

Procesos políticos internos como claves de futuro

En este contexto de cambio de la economía y de la estructura geopolítica de Asia no deben olvidarse, sin embargo, los procesos políticos internos. La integración en la economía global ha transformado profundamente el marco de relaciones sociales, organización económica y autoridad política de los países asiáticos. A medida que muchos de ellos han reducido la pobreza y alcanzado niveles de ingresos medios, el rápido crecimiento económico se ha visto acompañado por una creciente tensión interna derivada de una mayor desigualdad, de abusos del medio ambiente y de la corrupción. La creciente interacción con el mundo exterior parece haber propiciado un deseo de cambio, provocando un choque con los defensores del status quo. Prácticamente ningún país de la región parece librarse del creciente descontento ciudadano con sus líderes políticos ni de las protestas contra la corrupción y las desigualdades sociales. La gobernabilidad se ha convertido de este modo en la más urgente prioridad si quiere evitarse que este descontento frene el desarrollo y se convierta en causa de inestabilidad política.

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