Medio ambiente y desarrollo sostenible

27 abril 2011 | Autor:admin2

El mundo que conocemos hoy no es viable. Los intereses económicos de una parte de la humanidad, junto a su falsa idea de bienestar, destrozan el planeta. Aparentemente, aunque algunos ganen el beneficio particular de un chalet con piscina, o una nueva autovía que les permita ahorrarse media hora en el trayecto, el conjunto de la sociedad, pierde.

Todo está relacionado. Cada acción consumista que realizamos en el Norte repercute negativamente en el Sur. Por eso es necesario que las informaciones de los medios ayuden a entender los complicados hilos que tejen el mapa mundial. Con su voz, los informadores pueden contribuir a modificar actitudes que deterioran el planeta y la calidad de vida del conjunto de la población.

Desarrollo sostenible

En los últimos años se ha puesto de moda el término “desarrollo sostenible”. Se trata de una expresión que ha calado, pese a no conseguir un consenso total. Podría definirse como “un desarrollo que satisfaga las necesidades del presente sin poner en peligro la capacidad de las generaciones futuras para atender sus propias necesidades”. Esta definición fue empleada por primera vez en 1987 en la Comisión Mundial del Medio Ambiente y Desarrollo de la ONU (la conocida comisión Brundtland).

Tras un largo camino, el medio ambiente se ha convertido en una prioridad para muchos gobiernos y organismos internacionales. En el caso de la ONU, considera su protección inseparable del desarrollo económico y social. De hecho, el Objetivo de Desarrollo del Milenio número 7 es: garantizar la sostenibilidad del medio ambiente.

Sin embargo, ya el mismo concepto de “desarrollo” se encuentra en tela de juicio. Tal y como denuncia la socióloga ecofeminista María Mies “el llamado desarrollo no es un proceso evolutivo en el que se pase de una etapa inferior a una etapa superior, sino un proceso polarizador en el que unos son cada vez más ricos porque empobrecen cada vez más a otros”. Y este desequilibrio se percibe sobre todo en el uso desigual de la energía: una cuarta parte de la población mundial consume el 75% de la energía del planeta y produce, además el 80% de las emisiones de CO2.  Pero el 20% de la humanidad no sólo es responsable del efecto invernadero y de la destrucción de la capa de ozono, también es quien ha agotado los recursos naturales y ha generado montañas de basuras.

Periodismo ambiental

Ya han pasado varias décadas desde que los primeros ecologistas, en unión con los periodistas, empezaron a denunciar las consecuencias catastróficas que traerían la destrucción de los bosques, la esquilmación de los mares o la contaminación de la atmósfera. En seguida llegaron las primeras alarmas globales. El agujero de la capa de ozono obtuvo una repercusión mediática sin precedentes. Los científicos se aliaron a los profesionales de la comunicación  y fueron capaces de transmitir a la ciudadanía la gravedad del agujero descubierto. Entonces los dirigentes políticos reaccionaron y tomaron medidas para reducir la enorme brecha detectada.

Fotografía: Ana Bustinduy

Pero el alcance mediático que ha obtenido el cambio climático en los últimos años es mucho más abrumador. Bien es cierto que semejante repercusión no se ha obtenido de la noche a la mañana. Los periodistas ambientales, alertados por los ecologistas y los científicos, llevan años escribiendo artículos para llamar la atención sobre la catástrofe que supone un aumento de las temperaturas. Además del desequilibrio ecológico que está provocando, las ONG de desarrollo advierten de que sus consecuencias son mucho peores en los países más vulnerables. Sin beberlo ni comerlo, de repente, los países del Sur deben pagar por los excesos cometidos en el Norte. A la esquilmación de sus mares y de sus bosques, ahora se une la necesidad de tener que huir a otros lugares porque el cambio climático ha secado ríos y la desertificación ha devorado tierras de cultivo. Estas personas, que no han participado de los beneficios de Occidente, ahora se ven obligadas a refugiarse en otras partes del mundo.

Mujer, pobreza y medio ambiente

Cada vez tenemos más conciencia de la implicación directa que existe entre el deterioro ambiental y el incremento de la pobreza. El despilfarro del Norte empobrece a los países del Sur. Una relación que, sin embargo, no se ve reflejada en los medios informativos.

Pero, además, la pobreza tiene un sesgo femenino. El 70% de los pobres son mujeres. En este sentido, el periodista especializado en medio ambiente y desarrollo, deberá tener en cuenta la perspectiva de género. Debido a la distribución de roles en la sociedad, la mujer de los países vulnerables se encarga de acarrear agua, recolectar leña y proveer de alimento a la familia. De ahí, que los problemas ambientales -como el cambio climático o la desertificación- les afecte en mayor medida que a los hombres.

Por tanto, dado que lo sufren directamente, las mujeres son las que más pueden contribuir en la búsqueda de soluciones sostenibles. En los países en vías de desarrollo, la mujer es la principal consumidora de leña y de recursos naturales y, en consecuencia, la mayor interesada en conservar estos recursos. Pero en el mundo desarrollado, también es la mujer quien tiene mayor capacidad para influir en cosas como, por ejemplo, el ahorro energético. De igual manera, ella es quien se responsabiliza en mayor medida de las tareas de reciclaje y de clasificación de residuos. En consecuencia, debido a su comportamiento y a su mayor carga educadora, las mujeres contribuyen en la educación de las generaciones futuras para que actúen de manera más sostenible y respetuosa con el medio ambiente.

Un ejemplo. En los países desarrollados, el sector transporte es una de las fuentes primarias de los gases de efecto invernadero. Pues bien, las mujeres del Norte suelen poseer menos coches y utilizar más el transporte público. Además, en Europa los coches conducidos por mujeres suelen ser de menor tamaño y con mayor rendimiento en el consumo de combustible. Esto se debe a que no los ven como símbolos de prestigio, sino como herramientas útiles para sus tareas y, por tanto, los adquieren con un sentido práctico.

Cambio de mentalidad

En el mundo, pues, necesitamos un cambio de valores, unos valores en los que la voz de la mujer se tenga en cuenta, al menos, en un 50%. De esa manera conseguiremos un planeta equilibrado, un planeta donde la energía masculina y femenina se complementen. Mientras la mujer siga relegada, perderemos sus aportaciones y sus conocimientos para vivir en armonía con la naturaleza.

Pero antes debemos superar numerosos obstáculos, como son las creencias arraigadas en la cultura occidental. Durante muchos siglos se ha pensado que las personas civilizadas estamos fuera de la naturaleza y no nos afectan sus leyes. También que el planeta cuenta con una ilimitada cantidad de recursos a disposición de los humanos, y que el éxito de la humanidad se basa en el control y el dominio de la naturaleza.

Se trata de un pensamiento egocéntrico, andrógino y centrado en el crecimiento económico a través de la tecnología. Un pensamiento donde las mujeres y los habitantes de culturas diferentes- más arraigadas a la tierra y al respeto de la naturaleza-, quedan fuera.

Es necesario, pues, impulsar un cambio de mentalidad. En la Cumbre de la Tierra celebrada en Río de Janeiro en 1992, las Naciones Unidas establecieron una Comisión para el Desarrollo Sostenible que puede contribuir a este cambio. El resultado principal de dicha cumbre fue un documento titulado “Agenda 21” en el que se define una estrategia general de desarrollo sostenible para todo el mundo, haciendo especial hincapié en las relaciones Norte-Sur, entre los países desarrollados y los que están en vías de desarrollo.

En ese mismo año, 1992, la Unión Europea elaboró el V programa de acción de la Comunidad en medio ambiente con el título “Hacia un desarrollo sostenible”. En este programa se decía “No podemos esperar… y no podemos equivocarnos”, el medio ambiente depende de nuestras acciones colectivas y está condicionado por las medidas que tomemos hoy. El V Programa reconoce que “el camino hacia el desarrollo sostenible será largo. Su objetivo es producir un cambio en los comportamientos y tendencias en toda la Comunidad, en los Estados miembros, en el mundo empresarial y en los ciudadanos de a pie”.

No cabe duda de que un cambio de mentalidad es lento y difícil. Requiere afianzar nuevos valores. Para conseguirlo resulta de gran importancia los programas educativos y divulgativos. Por eso, el periodista que decide afrontar por primera vez  temas  relacionados con el medio ambiente y el desarrollo sostenible tiene una responsabilidad enorme, un compromiso con el planeta y con el futuro de la humanidad. Primero ha de entender, con espíritu crítico, por qué hemos llegado a esta situación de desequilibrio ecológico. Y una vez que lo entienda, transmitirlo a la ciudadanía para que también lo comprenda. En este empeño, puede resultar de gran ayuda que el periodista difunda ejemplos de actuaciones sostenibles, refleje movilizaciones públicas o compromisos políticos.

Vivimos en una época de consumismo atroz, donde no hay tiempo para la reflexión y el análisis. El periodista salta de un tema a otro sin apenas digerirlo, y tal vez aquí también se necesite un cambio de rumbo, donde la reflexión y la elaboración de las informaciones sea la norma, y la especialización, un deber. En definitiva se trata de conseguir un mundo mejor con la complicidad de periodistas, ONG y resto de la ciudadanía.

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