Sobre esta guía

Javier Bernabé Fraguas*

 

El aumento de la complejidad en los países a los que nos referimos viene por diversas causas, algunas pueden ser las siguientes:

  1. Se encuentran en situaciones de crisis o conflicto múltiple de las que no es sencillo informar;
  2. Son regiones del mundo que se conocen mucho peor que otras, de las que en gran número de ocasiones se tienen más estereotipos que imágenes claras que reflejen las diversas realidades que les envuelven;
  3. En algunas ocasiones y lugares el acceso al punto preciso desde el que tenemos que informar es realmente complicado;
  4. Encontrar fuentes fiables puede ser tarea difícil si no conocemos bien el entorno, y es complicado conocer el entorno si nos envían a realizar una cobertura con poco tiempo previo y una brevísima estadía en el lugar;
  5. Desplazarnos al lugar es caro y los medios no ven rentabilidad inmediata a dichos desplazamientos.

A todo esto se suma la abrumadora presencia y el protagonismo de las fuentes políticas, oficiales o de oposición visible, de las grandes empresas, en ocasiones de fuentes militares. Todo esto opaca la visibilidad de actores y fuentes que no se utilizan en la mayoría de los materiales periodísticos y que tienen mucho que decir: la sociedad que sufre y sale con vida de la situación de la que informamos, la sociedad que busca soluciones a sus problemas, y en bastantes ocasiones las encuentra.

No es cuestión de dar voz a los sin voz porque sí, porque las ONG nos digan que se merezcan un lugar en la información, sino porque muchos de ellos están protagonizando la actualidad y el análisis de la misma manera reiterada. Simplemente hay que conocer lo que hacen, quiénes son, dónde están, qué han logrado y cómo protagonizan la noticia.

La obligación del periodista es informar, no se le puede pedir que se incline sistemáticamente por las informaciones que apoyen la consecución de un mundo mejor, sean éstas sobre los objetivos del milenio o sobre mil cuestiones del mismo entorno, eso es una estupidez. Pero sí se nos debe exigir que no ocultemos esos procesos, lo primero porque muchas veces son noticia y se nos escapan, lo segundo porque nuestra obligación con lectores, oyentes y televidentes es acercarles de la mejor manera posible lo que ocurre, y en el Sur ocurren muchas más cosas que guerras, desastres naturales y crisis endémicas.

El contexto que enmarca a estos elementos es una situación del mundo periodístico actual que dista mucho de ser ideal, tanto por el panorama de los medios de información como por el del trabajo de los y las periodistas.

El mismo presidente de la Federación Internacional de Periodistas (FIP), Jim Boumelha, afirmó en verano de 2008 que el periodista es en la actualidad “menos independiente” y que existe “cierta autocensura para poder sobrevivir”. Lo hizo en una rueda de prensa que se realizó en el marco del seminario de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo ‘Periodismo y sociedad actual’.

Un ejemplo para sus afirmaciones ha sido la manera de informar de muchos periodistas norteamericanos, no de todos, sobre la última guerra de Irak. Fue un exponente claro de hacer una estupenda propaganda y un pésimo periodismo. Jim Boumelha también dijo que ahora es cuando están publicando libros de lo que deberían haber hecho y no hicieron.  Englobó esta actuación en un momento delicado para la profesión periodística donde cada vez desaparecen más medios de comunicación en países que supuestamente adoran la libertad de expresión, como los Estados Unidos: “En los últimos meses en EEUU se ha producido una masacre, cientos de medios han desaparecido…la concentración de los medios en nuevas manos ha tenido un efecto devastador, provocando despidos, subcontratación, con el objetivo de lograr un mayor beneficio”.

Esta situación se repite en la mayoría de los países con grandes medios de comunicación, es una pauta que define a los tiempos que nos ha tocado vivir, informativamente hablando.

La cuestión no es que los medios de comunicación privados quieran obtener beneficios económicos, eso es lógico, son empresas, no organizaciones no gubernamentales sin ánimo de lucro. Pero una cosa es tener ánimo de lucro, legítimo, y otra tener ánimo de usura, querer obtener el mayor beneficio económico, sea como sea, y en el menor tiempo posible: bajando la calidad de la información que se ofrece, no cuidando a los periodistas de plantilla, pagando miserias por el trabajo de los freelance, etc.

Desgraciadamente a esto último se está tendiendo en un porcentaje de casos muy elevado en la mayoría de países del mundo. Por otro lado nos encontramos con la ausencia o disminución de la libertad de expresión en algunos países, cosa que tampoco ayuda mucho a mejorar la profesión.

Algunos creemos que merece la pena seguir luchando contra viento y marea en un oficio que nos apasiona y para ello nunca está de más que nos faciliten herramientas. Esta guía pretende ser un destornillador, una llave inglesa, un serrucho y unos alicates, que podemos utilizar o no, pero que nunca vienen mal y en el momento más inesperado nos ayudan considerablemente a solventar un trabajo.

No pretende dar lecciones, nada más lejos de su intención, simplemente quiere abrir puertas a los más inexpertos y compartir con los colegas más experimentados algunas pautas profesionales. Desde luego que tener más fuentes no le viene mal a nadie, y aquí se pueden encontrar. Tampoco está mal que expertos en diversas temáticas y áreas geográficas, todas respecto al Sur, nos faciliten sus análisis y prospecciones a medio plazo, para apoyar nuestro trabajo con pistas sobre lo que va a ser relevante.

En fin, que esperamos con entusiasmo y humildad que la utilidad y el respeto de los que hemos pretendido impregnar a esta guía sean compartidos por la profesión periodística, a la que está dedicada.

* Co-director del titulo de Especialista en Información Internacional y Países del sur y del Diploma del Periodismo Preventivo de la Univ. Complutense de Madrid. Presidente del Instituto de Periodismo Preventivo y Análisis Internacional.

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