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Río+20: Frustración y cuestionamiento del rol de Naciones Unidas

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Río+20: Frustración y cuestionamiento del rol de Naciones Unidas

Posted on 06 noviembre 2012 by admin

Por Arantxa García. (Fundación IPADE)

Lejos de renovar y avanzar en los compromisos que en Río 92 dieron lugar a los Convenios de cambio climático, biodiversidad y lucha contra la desertificación y marcaron un punto de inflexión para la comunidad internacional en materia de desarrollo sostenible, la Cumbre de Río+20 ha vuelto a escenificar la incapacidad de nuestros líderes mundiales para dar respuestas innovadoras a la actual crisis socio-ambiental.

Río+20 se cerró con un acuerdo de mínimos que el gobierno brasileño se empeñó en calificar de éxito. Sin embargo, se trata de un documento lleno de recomendaciones y reconocimientos vacíos de contenido que no responde a la magnitud de los problemas a los que pretende dar solución ni a las necesidades de muchas poblaciones empobrecidas que en países del Sur ya están sufriendo los impactos del deterioro ambiental en temas básicos como su alimentación o la disponibilidad de agua.

La inmensa mayoría de organizaciones de la sociedad civil, valoramos Río+20 como un gran fracaso y una oportunidad perdida ante la necesidad urgente de plantear un nuevo modelo de desarrollo que equilibre realmente medio ambiente, sociedad y economía y tenga en cuenta los ya científicamente demostrados límites ecológicos de nuestro planeta. Además, aunque el texto de Río+20 alude en repetidas ocasiones a la participación de la sociedad civil, la realidad ha sido muy diferente. Por ejemplo, la propuesta más votada en los Diálogos de Desarrollo sostenible (espacio habilitado para la participación de la sociedad civil) fue la eliminación de los subsidios a los combustibles fósiles con la promesa de que los jefes de Gobierno la incorporarían al texto de negociación, pero finalmente las alusiones a este tema no pasan de recordatorios a diversos compromisos incumplidos.

El documento “El futuro que queremos” no plantea críticas sistémicas al actual modelo de desarrollo ni aborda temas importantes como el reconocimiento de la deuda ecológica contraída con las poblaciones del Sur o nuevas fuentes de financiación para el desarrollo sostenible. En él se menciona por ejemplo en diversas ocasiones el principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas (reconoce que no todos los países tenemos la misma responsabilidad en el origen por ejemplo del calentamiento global) pero sin aportar nada sobre cómo implementarlo: no hay ni un solo compromiso vinculante, ni una apuesta firme de financiación por parte de los países enriquecidos para que los países en desarrollo puedan garantizar el bienestar de sus poblaciones.

En época de crisis, nuestros gobernantes prefieren seguir optando por relegar los temas ambientales sin darse cuenta de que gran parte de los problemas actuales tienen una relación directa con nuestro sistema de producción, distribución y consumo y con las desigualdades en el uso y acceso a los recursos naturales en este mundo globalizado.

Además, la crisis económica continúa siendo la principal excusa para que no adopten compromisos reales con la erradicación de la pobreza cuando la tan necesaria financiación para el desarrollo podría conseguirse llevando a cabo políticas que apostaran por la lucha contra los paraísos fiscales o la aprobación del impuesto a las transacciones financieras (ITF). El miedo por parte de los gobiernos a tener que realizar contribuciones económicas obligatorias y cumplir con decisiones vinculantes, también quedó patente en la decisión final de no conceder estatus de agencia al Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).

Río+20 ha sido también una oportunidad perdida para salir con un mandato claro que evite que las Instituciones Financieras Internacionales (IFI) fomenten procesos especulativos, especialmente cuando tienen un grave impacto sobre la pobreza y el medio ambiente, como los mercados de alimentos. Sigue siendo fundamental avanzar en la coherencia de políticas especialmente sobre el papel del Banco Mundial que ejerce un rol financiero esencial en el seno de Naciones Unidas mientras continúa financiando proyectos de energía fósil con consecuencias sociales y ambientales nefastas.

Sorprende también que el documento de Río+20 siga elaborando recomendaciones sobre temas prioritarios como seguridad alimentaria, cambio climático, biodiversidad, bosques y desertificación sin interrelacionar estos problemas globales.Los cultivos dependen de la tierra, de la biodiversidad y de la disponibilidad de agua y condiciones climáticas apropiadas para crecer, por lo que las soluciones deben ser globales e integradoras.

En cuanto a la propuesta de Colombia y Guatemala para lanzar en Río+20 un proceso para la construcción de unos Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) ha quedado bastante diluida. Si bien es importante reforzar el trabajo para el cumplimiento de los ODM, a pesar de saber  que algunas de las metas previstas no se alcanzarán en 2015, no debería posponerse la formulación de los ODS si queremos seguir avanzando en nuevo marco de desarrollo sostenible.

Entre las pocas cosas rescatables del proceso oficial, están la presentación del IWI (Inclusive Wealth Index) por parte del Programa Internacional de Dimensiones Humanas de la Universidad de Naciones Unidas con apoyo del PNUMA, un nuevo indicador para medir la riqueza de un país -más allá del PIB- que busca incorporar la dimensión ambiental y social. El IWI combina datos de capital humano (logros en educación, salud) y capital natural (datos forestales, pesqueros, combustibles fósiles, tierras agrícolas…). Esperemos poder dejar atrás el PIB y que se asuman a nivel internacional indicadores más completos.

Economía verde o como pintamos de verde el capitalismo

La falta de voluntad y ambición para transformar el modelo actual de desarrollo también ha quedado reflejada en la vaguedad con que se ha definido el concepto de economía verde. Se habla de ella en unos términos tan amplios que cada país puede interpretarla como quiera, dejando así abierto el campo a la mercantilización de la naturaleza. Además, el documento hace diversas menciones a la importancia del sector privado en el contexto de la economía verde, por encima de los valores y derechos de las personas y la naturaleza.

Lo cierto es que bajo el paraguas de la economía verde, muchos gobiernos y empresas siguen promoviendo falsas soluciones (agrocombustibles, cultivos transgénicos, fertilización oceánica, mercados de carbono etc.) con impactos sociales nefastos (acaparamiento de tierras, alteración de ciclos naturales, incremento de conflictos relacionados con la tenencia y gestión de recursos) que únicamente perpetúan las desigualdades Norte-Sur.

En definitiva, la economía verde no plantea ninguna solución o alternativa para avanzar en la construcción de un desarrollo sostenible ya que en ningún momento cuestiona los insostenibles niveles de consumo y producción de los países del Norte, contemplando el crecimiento económico como solución y no como causa estructural de la actual crisis.

Cúpula de los Pueblos: éxito de movilización de la sociedad civil

En paralelo a la Cumbre oficial que dejó tanta decepción, la Cúpula de los Pueblos congregó a miles de movimientos sociales en torno a propuestas y alternativas para cambiar el actual modelo de desarrollo. El documento final recoge propuestas en base a las conclusiones generadas en los 5 ejes temáticos planteados, entre ellos soberanía alimentaria y justicia socio-ambiental.

 

Vandana Shiva, Marina Silva y Leonardo Boff entre otros mostraron en este foro sus voces críticas al proceso de Naciones Unidas y a lo alejado de los problemas reales de la ciudadanía. Leonardo Boff insistía en “recuperar los valores de respeto, cuidado, y cooperación como alternativa al modelo feroz”.

Además, unas 80.000 personas salieron a la calle (20 J) con motivo del “Día de movilización global en torno a los bienes comunes” para exigir a los jefes de Estado y de gobierno allí reunidos que no apoyaran un nuevo “capitalismo verde” y plantearan soluciones reales pensadas para las personas ante la crisis ambiental.

¿Seguimos?

El retroceso que ha supuesto Río+20, los nefastos resultados de Copenhague o la falta de ambición y voluntad política en Cancún y Durban en materia de Cambio Climático, así como el escaso compromiso de los países desarrollados en el marco del Convenio de Naciones Unidas de Lucha Contra la Desertificación, nos lleva a cuestionarnos qué sentido tiene seguir invirtiendo recursos en la celebración de estas costosísimas reuniones si no se acometen con una voluntad política clara y se traducen en compromisos concretos para implementar medidas reales. Las personas empobrecidas y los ecosistemas en los que viven no pueden seguir esperando.

Nuestros gobernantes no pueden seguir escudándose en la crisis económica para no replantear el actual modelo de desarrollo. Por una parte, porque las crisis actuales son estructurales y tienen que ver con la obsolescencia del modelo neoliberal y por otra, porque la peor crisis a la que tenemos que hacer frente es la crisis de valores, en la que el individualismo se coloca por encima de los bienes comunes.

Decepcionados con nuestros políticos que una vez más no han estado a la altura, nos queda la fuerza, la ilusión y la unión demostrada por los movimientos sociales reunidos en la Cumbre de los Pueblos, cada vez más concienciados de que el buen vivir no se basa en la acumulación de bienes, sino en las relaciones humanas y con el entorno

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UN Secretary General Banki Moon.

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Gobierno Mundial

Posted on 25 abril 2011 by admin2

En los actuales tiempos de mundialización uno de los aspectos críticos en la gestión de los asuntos públicos tiene relación con los procesos de toma de decisión en los llamados asuntos globales. La creciente toma de conciencia de las interrelaciones existentes en las causas de la pobreza mundial, en el deterioro del medio ambiente o en las cuestiones energéticas, por poner tres ejemplos, convierten a los estados-nación en instituciones insuficientes para “gobernar” asuntos fundamentales. Continue Reading

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